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Ningún país del mundo debe convertirse en un campo de refugiados 

Refugiados

Las naciones deben cuidar de su propia población de refugiados antes de abrir sus fronteras a refugiados extranjeros.

Según las estimaciones de la Oficina del Censo de los EE.UU., unos 43 millones de estadounidenses vivían en la pobreza en 2016.

Alrededor del 14% en Francia vive bajo la línea de pobreza, según cifras de 2016.

A pesar de tener un crecimiento económico visible, la tasa de pobreza de Alemania alcanzó niveles nunca vistos anteriormente, 15.7 por ciento de la población.

En Canadá, el censo de 2016 muestra que al menos 5 millones de canadienses viven en la pobreza.

Según indexmundi.com, Italia tiene más del 30% de las personas que viven por debajo de la línea de la pobreza, mientras que en México el número llegó al 46%.

En Costa Rica, más del 21% se consideran viviendo por debajo de la línea de  la pobreza.

Todos los países, algunos más que otros, tienen personas que viven en la miseria, sin acceso a agua potable, alimentos nutritivos y educación de calidad, por lo que esta gente debe ser atendida primero.

No es obligación de ningún país ocuparse de los problemas de otros países. Es obligación del gobierno cuidar de sus ciudadanos.

Los políticos que no se ocupan de sus propios pobres, y que en cambio promueven la inmigración masiva en nombre de la igualdad, la solidaridad o la caridad, deben ser condenados y retirados del poder de forma permanente.

La inmigración es excelente para cualquier nación, siempre que se permita de manera ordenada y legal. Los inmigrantes legales fueron, y en algunos casos aún lo son, excelentes para los países en los que se asientan.

La inmigración ilegal fuera de control, por otro lado, nunca proporcionó ningún tipo de beneficio a ninguna sociedad que lo aceptara o que permitiera a los políticos imponerlo.

No puede haber crisol de culturas cuando las sociedades se ven obligadas a aceptar las costumbres y tradiciones de otras regiones del mundo, porque eso significa la desaparición de su propia cultura y tradiciones.

La mayoría de los inmigrantes ilegales hoy en día no invaden otro país para aprender sobre su cultura y adoptar sus costumbres y tradiciones. Cruzan las fronteras ilegalmente para poder aprovechar sus sistemas de bienestar social.

Muchos de esos inmigrantes ilegales se niegan a formar parte de la sociedad. En cambio, buscan imponer sus propias reglas. Los carteles y pandillas de drogas aprovechan las fronteras abiertas para enviar a sus soldados en busca de nuevos mercados para sus drogas y su crimen.

La inmigración masiva fuera de control es parte de un plan cuyo propósito es colapsar a la sociedad occidental forzando valores sociales y religiosos completamente opuestos a sus tradiciones.

El colapso de la sociedad occidental solía ser un plan secreto implementado a través de la política exterior promovida por globalistas cuyo objetivo final es conquistar más poder y recursos en sus manos, de la misma manera que han estado consolidando implacablemente la riqueza en el último medio siglo.

Los falsos liberales y las masas de personas desinformadas apoyan erróneamente la inmigración ilegal masiva. Sus mentes han sido fuertemente contaminadas por agentes de desinformación y medios de comunicación mentirosos que empujan las agendas globalistas.

La oposición a la inmigración masiva ilegal es castigada públicamente por sus promotores.

Aquellos que se oponen a abrir las fronteras de sus países a inmigrantes ilegales son llamados racistas, homofóbicos y xenófobos por los medios liberales y sus televidentes zombis porque no tienen argumentos razonables y basados em evidencia para apoyar una política de fronteras abiertas, por lo que intentan controlar el discurso público lanzando insultos y colocando etiquetas a quienes se oponen.

Muchos laicos que se cubren con una ideología liberal, aunque bien intencionados, no entienden la agenda globalista. Usan términos como “justicia social” para justificar la apertura de las fronteras de un país a cualquiera que quiera entrar, pero no reciben a ninguna de estas personas en sus hogares.

Los llamados líderes religiosos y políticos, como el Papa Francisco, hablan sobre la caridad y la solidaridad con inmigrantes ilegales, pero él no abre las paredes del Vaticano para albergar a nadie. Lo mismo puede decirse de Manuel Macron y Angela Merkel, padrinos de la inmigración ilegal em Europa.

La pregunta es, por supuesto, ¿cuántos millones de africanos del norte o latinoamericanos debería admitir una nación ilegalmente?

¿Qué tan mal tendrá que quedar la sociedad occidental antes de que la gente comience a exigir políticas de cierre de fronteras y la aplicación de las leyes de inmigración existentes?

Si se necesitan pruebas para entender que la inmigración masiva no deja ningún resultado positivo para ningún país, solo hace falta preguntarse porque, después de darle su apoyo incondicional a este tipo de moviemiento de personas, Angela Merkel y Manuel Macron han recapitulado y sugerido crear áreas para refugiados en el norte de Africa para los cientos de miles que huyen de sus países, en lugar de recibirlos a todos en Europa.

About the author: Luis R. Miranda

Luis Miranda is an award-winning journalist and the Founder and Editor of The Real Agenda News. His career spans over 20 years and almost every form of news media. He writes about environmentalism, geopolitics, globalisation, health, corporate control of government, immigration and banking cartels. Luis has worked as a news reporter, On-air personality for Live news programs, script writer, producer and co-producer on broadcast news.

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