|Tuesday, December 18, 2018
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Costa Rica, de camino a Argentina, pasando por Grecia 


Costa Rica

El gran problema no es ni siquiera el déficit fiscal, sino la deuda del gobierno costarricense que asciende al 50% del PIB. El pueblo es adicto al dinero de otros y por ende, el gobierno es adicto a pedir prestado para sostener lo insostenible.

Es muy satisfactorio saber que hay gente en Costa Rica que entiende el problema del déficit fiscal.

Es tranquilizador saber que algunas de estas personas están participando en las negociaciones que se llevan a cabo, a pesar de lo poco que se ha logrado.

Al mismo tiempo es preocupante que el país esté a merced de analistas, políticos y sindicatos quienes al final de cuentas toman las decisiones que impactan a millones de costarricenses.

Como es común, las decisiones relacionadas al gasto no son tomadas de forma responsable, sino para agradar a otros.

Esos otros son dos grupos principales: los millones de personas dependientes del gobierno que están acostumbrados a vivir en un nanny State, y el otro son el grupo de acreedores o futuros acreedores extranjeros.

Como ya es sabido, el problema del déficit es el mismo que el de un sujeto adicto a la cocaína. El pueblo en Costa Rica es adicto a que el gobierno se meta en todo, para “resolver” sus vidas.

El pueblo es adicto al dinero de otros y por ende, el gobierno es adicto a pedir prestado para sostener lo insostenible.

Hoy, el gobierno de Costa Rica, como muchos otros gobiernos, gasta más de lo que produce o de lo que recibe en impuestos.

El modelo de desarrollo, que más bien es un modelo de subdesarrollo, porque se rinde completamente al capital extranjero y a las normas extranjeras; junto con la existencia de un Estado todopoderoso que dicta lo que se hace y que interviene en la vida de la gente, hasta en los más mínimos detalles, zancadillea el progreso del país todos los días.

En ninguno de los discursos o conversaciones con economistas, expertos o analistas se habla de atacar el problema del déficit fiscal desde la raíz, sino apenas de ponerle parches al paciente o de cobrar más impuestos para darle de comer al cerdo estatal cuya barriga no tiene fondo.

Siguiendo con la analogía del adicto a la cocaína, lo que se propone es encontrar más formas de continuar dándole cocaína a ese adicto, en lugar de cortarle el consumo.

En ninguna propuesta se habla, por ejemplo, de eliminar el acceso del gobierno a mercados internacionales donde este continuamente se endeuda, aunque este endeudamiento sea el principal componente del déficit y la principal causa de la delicada situación fiscal del país.

Se habla de establecer un sistema de impuestos progresivo, como si cobrar impuestos a más personas fuera lo correcto.

Se habla de aumentar impuestos para algunos, mientras que se quieren colocar excepciones para otros. O sea, se continua con la misma práctica que trae al país a la situación en la que está.

Mientras los sindicatos pelean por mantener sus privilegios, el gobierno por su parte quiere hacer lo que le agrade a sus acreedores fuera del país para “dar una buena imagen”, aunque esa imagen sea falsa e imediatista.

El plan fiscal presentado por el gobierno no le hará ni cosquillas al déficit. Lo único que hará será patear la lata un poco más lejos, para que otro gobierno tenga que resolver el problema después.

Con una deuda del 50% del PIB, el gobierno no tiene la capacidad de hacer frente a sus obligaciones más básicas.

Ayer, el Ministerio de Hacienda pidió al Banco Central imprimirle 500.000 millones de colones para enfrentar sus gastos exorbitantes durante los próximos 90 días.

La medida de pedir prestado al 5.75% es comparable con darle al adicto la cocaína más cara, en lugar de llevarle a un centro de atención médica para desintoxicarle.

Lo más costoso de este préstamo no es el aspecto financiero; los intereses que el gobierno deberá pagar, sino el precio de no querer quitarle al adicto su suministro de droga de una vez por todas.

Como en todo sistema socialista, el gobierno de Costa Rica solamente podrá mantener su dependencia aguda a préstamos extranjeros que hacen cada vez más grande la bola de nieve, mientras estos prestamistas crean que el gobierno puede hacerse responsable por el pago de sus deudas existentes.

Esta evaluación pasa por la percepción de que el gobierno tiene la capacidad de mantener la casa en orden, o sea, de controlar su gasto para tener dinero para hacer frente a sus obligaciones.

El hecho que el Banco Central ha impreso 500.000 millones de colones es una señal clara de que el gobierno de Costa Rica es irresponsable con su gasto y que no es de confianza para prestarle.

Este escenario encamina al país a un viaje no muy placentero. Una subida muy larga y muy difícil. Ya se habla de corralitos, préstamos con los buitres del FMI y de quiebra del gobierno.

Lo cierto del caso es que parece que el país está a camino de ser la próxima Argentina del continente americano.

Ese camino pasará por Grecia, porque es muy probable que las negociaciones entre el gobierno y los sindicatos no resulten en nada positivo para el país.

Aunque se apruebe un plan fiscal, probablemente una versión muy parecida a la presentada por el gobierno, este plan no resolverá ni el déficit, ni mucho menos la deuda del 50% del PIB.

Se recurrirá entonces al FMI y a rescates de otros tipos que harán que el país sea rehén de organismos financieros internacionales, perdiendo así la poca soberanía que le queda.

About the author: Luis R. Miranda

Luis Miranda is an award-winning journalist and the Founder and Editor of The Real Agenda News. His career spans over 20 years and almost every form of news media. He writes about environmentalism, geopolitics, globalisation, health, corporate control of government, immigration and banking cartels. Luis has worked as a news reporter, On-air personality for Live news programs, script writer, producer and co-producer on broadcast news.

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