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Ecuador Intenta Chantajear al Mundo para ‘salvar’ sus Bosques 


POR LUIS MIRANDA | THE REAL AGENDA | 12 MAYO 2012

Si usted está cansado de escuchar los llamados ambientalistas sobre como un Nuevo Orden Mundial es ventajoso para todos, sea paciente, porque ellos vienen con más ‘grandes’ ideas. En preparación para la Cumbre de Rio sobre el Medio Ambiente, las cual es patrocinada por las Naciones Unidas, políticos y ONG’s ambientalistas, cómplices dek globalismo ya están llamando a la implementación de un Fondo Climático (GCF) para ayudar a “salvar” los bosques del mundo. En un artículo anterior, le informamos cómo el Fondo Climático de la ONU está tratando de obtener inmunidad diplomática, una solicitud sin precedentes si se tiene en cuenta que todo lo que se supone que este órgano debe hacer es redistribuir la riqueza — no es que esto sea una cosa positiva; es todo lo contrario. Hace unas dos semanas, preguntamos sobre el porqué de esta necesidad, y parte de la respuesta es que, aunque el Fondo Climático es una criatura de la ONU, no está cubierta por la inmunidad que protege a otras organizaciones de las Naciones Unidas, tales como la Organización Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCC).

¿Por qué el Fondo Climático necesita inmunidad? Me gustaría escuchar sus sugerencias.

Como se explicó anteriormente, el único propósito del Fondo es, como miembros de la ONU han confesado, un plan para redistribuir la riqueza del planeta, pero esta riqueza no irá a las manos de las personas más necesitadas en los países más pobres. Además, los políticos y los participantes no elegidos en anteriores reuniones de la ONU van a obtener la financiación necesaria para su Fondo Climático de dinero de los contribuyentes de las clases medias y bajas en los países desarrollados, para dárselo a la gente rica de los países subdesarrollados. ¿Cómo es que esto va a contribuir para salvar el planeta de una condición que no existe pero que muchos temen?

El GCF fue creado durante las últimas negociaciones sobre el clima de Durban, en la que 194 Estados miembros votaron a favor de la formación de un órgano provisional que tratara de establecer la mejor manera de gastar alrededor de $ 6,700,000 millones hasta junio de 2013. Bueno, ahora parece que hay una gran oportunidad para gastar ese capital. El país sudamericano de Ecuador ha adoptado oficialmente al Fondo Climático como la única manera de “salvar” su valioso Parque Nacional Yasuní. La embajadora de Ecuador en las Naciones Unidas Ivonne A-Baki, ha solicitado que el dinero dado al Fondo se utilice para pagar por su plan de comercio de petróleo por bosques. Los planes dicen que Ecuador mantendrá sus bosques intactos, mientras el resto del mundo  paga al país por no utilizar sus recursos naturales como el petróleo y gas natural, los cuales están en áreas protegidas y parques nacionales como el citado Yasuní.

El modelo que se establecerá con el GCF es similar al esquema de créditos de carbono, donde los países y las empresas podrían pagar las cuotas que les permiten contaminar. Esta vez, sin embargo, países como Ecuador busca un incentivo financiero para no desarrollar sus riquezas naturales, y en lugar optan por mantener a su población pobre y subdesarrollada. No me malinterpreten, no hay nada negativo sobre el deseo de preservar la naturaleza en su estado original. El problema viene cuando un país como el Ecuador solicita incentivos financieros, como condición para proteger sus bosques. Ningún país del mundo necesita la ayuda financiera con el fin de proteger su medio ambiente si realmente tiene la intención de conservar. El planeta no necesita un sistema de bienestar global y ningún país debe exigir dinero de la gente de clase media o pobre en otras naciones para llevar a cabo programas de conservación.

Ecuador es uno de varios países de América Latina con un montón de recursos naturales, muchos de los cuales ya se han abierto para uso industrial. El problema con el Ecuador es el mismo que otras naciones de América Latina: la corrupción gubernamental. Debido a que la mayoría de su población vive en condiciones deplorables, podríamos pensar que la ayuda financiera internacional puede ser una solución a la pobreza del país, pero es importante decir que el Ecuador es miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), el cartel que se siente en libertad de manipular los precios del petróleo a su gusto. La nación de Ecuador es uno de los mayores exportadores de petróleo en América Latina, con un importe neto de alrededor de 285.000 barriles por día (bbl / d). Según la Administración de Información y Energía de los Estados Unidos, en 2011, el sector petrolero de Ecuador representaba cerca del 50 por ciento de los ingresos de exportación. ¿Por qué es que los ecuatorianos no disfrutan de los beneficios de sus riquezas naturales, entonces? La connivencia del Gobierno con las empresas ha obligado al país a importar productos refinados del petróleo, debido a la falta de suficiente capacidad de refinación nacional — no por casualidad — para satisfacer la demanda local. La mayoría del petróleo de Ecuador se envía a China, a cambio de préstamos del Banco de Desarrollo de China.

¿Por qué la embajadora de Ecuador ante las Naciones Unidas usa un tono amenazante para solicitar fondos a fin de preservar el Parque Nacional Yasuní? Bueno, esta política viene de la oficina del presidente Rafael Correa, quien dijo que no iba a perforar allí mientras la comunidad internacional subvencionará al país con $ 3600 millones, que es aproximadamente la mitad del valor de las reservas de petróleo. En otras palabras, los políticos están de acuerdo en entregar los recursos naturales del país a las Naciones Unidas a cambio de sólo la mitad del valor de sus recursos naturales. Eso es un robo, ¿no?

Cuando los políticos y las grandes organizaciones internacionales hablan de la preservación de los bosques y los recursos naturales, estos suelen emplear puntos de conversación espiritual y colectivista, y en el caso de Ecuador, no es una excepción. La embajadora del país apela a la religiosidad de la gente cuando dice que el Yasuní es una tierra sagrada y que está protegida por Dios, mientras que muestra un brazalete que dice “Juntos por el Yasuní”, ella dice que es una pulsera encantada. “Tú te quedas allí sólo un día, y te rejuveneces, es como estar en un spa. Es tan pura, tan limpia.” Es algo así como un spa en lo que muchos parques nacionales o áreas de conservación acaban convirtiéndose, una vez que son dados a las Naciones Unidas. La ONU, a través de sus políticas de conservación, y en asociación con organizaciones globalistas conocidas como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el Fondo Mundial para la Naturaleza, The Nature Conservancy, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Organización para la Ciencia y la Cultura, entre otros, intentan acabar con la propiedad privada en todo el mundo, y lo hacen en nombre de la conservación. Estos escritos de ambientalismo de tiempos modernos se basan en seguir religiosamente los escritos de la Evaluación de la Biodiversidad de las Naciones Unidas, un documento que impulsa el llamado “desarrollo sostenible” y los escritos de la Agenda 21.

Países como Ecuador han dejado de mendigar y han comenzado a exigir que los países industrializados y las organizaciones internacionales no electas hagan algo con el fin de “ayudar” a mantener las reservas naturales y parques nacionales, como condición para no explotar el petróleo y otros recursos. Hay un sentido de auto-derecho en algunos países en desarrollo cuyas formas de gobierno  socialista y comunista han alienado al verdadero capitalismo de libre mercado — no el corporativismo –, por lo que han visto cómo sus sueños de convertirse en una nación del primer mundo desaparecen tan rápido como lo han echado las empresas extranjeras, pues han eliminado las iniciativas privadas locales, mientras el gobierno impulsa políticas globalistas de control de la población para hacerlos más dependientes. Ahora, teniendo en cuenta sus políticas aislacionistas, les resulta apropiado solicitar sobornos a cambio de impulsar la agenda globalista del falso ecologismo y la conservación. El término más comúnmente utilizado es “justicia climática” que está asociado a la supuesta obligación que los países industrializados tienen de pagar a los países pobres para financiar el costo de lo que llaman daño ecológico, que las naciones desarrolladas han causado al planeta. El problema con esta forma de pensamiento es que no han sido los países industrializados los que causaron daños irreparables al planeta, sino las grandes multinacionales que desde afuera controlan a los gobiernos y los políticos corruptos que los forman. Para acabar con este cáncer, no es necesario hacer con que unos paguen las deudas de otros, sino arrancar a los verdaderos debedores de raíz. Las corporaciones, no los gobiernos son responsables por el daño ecológico. No es Estados Unidos, China, Australia, España, Alemania o Rusia, sino Monsanto, Cargill, BP, Exxon Syngenta y muchas otras corporaciones las que tienen una deuda impagable con todos los habitantes del planeta. Por esto es importante enfocar los esfuerzos en hacer con que los verdaderos responsables paguen.

Aquellos que impulsan la agenda fantasiosa del desarrollo sostenible tendrán una gran oportunidad para expresar sus preocupaciones durante la Cumbre de Rio+20, a realizarse a partir del 06 de junio, donde las naciones como Ecuador, una vez más demandaran que la gente de clase media y los pobres en los países desarrollados subvencionen — a través de los impuestos — el sistema de corrupción que ha existido en los más altos niveles del gobierno en todo el mundo en desarrollo. Pero este modelo de feudalismo puede tener sus días contados, pues incluso a medida que más burócratas y ambientalistas bien intencionados se dan cuenta de lo que está detrás de el plan para supuestamente conservar los bosques y otros recursos, habrá menos y menos apoyo a las medidas presentadas en foros como el de Durban y Rio. Y de que es lo que se trata todo este falso ambientalismo? “En el fondo, algo de lo que esta iniciativa Yasuní se trata es de ¿Quién le debe a quién? Es esta idea del Norte pagar al Sur para mantener el petróleo bajo tierra”, dice Kevin Koenig de la organización Amazon Watch. Por lo tanto, la agenda de la conservación en su conjunto no tiene nada que ver con la conservación. Por un lado, se trata de un grupo de resentidos y aspirantes a líderes del Tercer Mundo, que están dispuestos a mantener a su gente con hambre y pobres siempre y cuando alguien les pague para hacerlo. Por otro lado, se trata de un programa de desindustrialización corporativa global destinado a hacer que los ricos sean aún más ricos y los pobres aún más pobres.

Apenas un mes antes de la Cumbre de Río +20, es más fácil ver que los grupos que profesan políticas anti humanas han descubierto una manera común de llevar a cabo su plan y ambas partes esperan el mismo resultado: estafar a los pueblos del mundo inculcando la creencia que los seres humanos son malos, que el mundo va a terminar si los parques nacionales no son dados a las Naciones Unidas como el mayor propietario de tierras en el planeta. A su vez, la ONU mantendrá al tercer mundo pobre y subdesarrollado, en nombre de la salvación de todos nosotros. Con el fin de hacer que este objetivo sea visto como una idea brillante, ellos usan y usarán celebridades, estrellas de cine y políticos famosos que lleven a la consolidación de la falsa agenda de conservación. Sin embargo, esa conservación no será hecha para las generaciones futuras, como ellos dicen, pero para los oligarcas mundiales que financian y controlan casi todos los organismos ambientalistas y organizaciones no gubernamentales que impulsan el desarrollo sostenible.

Si a usted le gusta esta idea de un sistema global neofeudalista, siéntase libre de apoyar a la ONU en su plan de hacernos esclavos.

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About the author: Luis Miranda

Luis R. Miranda is the Founder and Editor-in-Chief at The Real Agenda. His career spans over 19 years and almost every form of news media. He attended Montclair State University's School of Broadcasting and also obtained a Bachelor's Degree in Journalism from Universidad Latina de Costa Rica. Luis speaks English, Spanish Portuguese and Italian.

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