|Tuesday, September 17, 2019
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El Costo Social de los Transgénicos 


Los economistas ecológicos como Herman Daly escriben que cuanto más se llena el mundo, mas altos son los costes sociales o externos de la producción.

Los costes sociales o externos son los costos de producción que no son incluidos en el precio de los productos. Por ejemplo, las zonas muertas en el Golfo de México que se  forman por el uso de productos químicos en la agricultura no se incluyen como costos en la producción agrícola. El precio de los alimentos no incluye los daños en el Golfo.

La producción de alimentos es una fuente de grandes costos sociales. De hecho, parece que los entre más capaces son los productores de alimentos de reducir el costo medido de la producción, mayores son los costos sociales impuestos a la sociedad.

Considere la cría intensiva de animales. La densidad de las operaciones resulta en una concentración de gérmenes y por eso los animales son alimentados con antibióticos. La reducción del costo de los alimentos de esta manera contribuye a la aparición de superbacterias resistentes a los antibióticos que impondrán costos a la sociedad que más que superaran los ahorros obtenidos de adquirir alimentos a precios bajos.

Monsanto ha reducido el costo medido de la producción de alimentos mediante la producción de semillas genéticamente modificadas que dan lugar a plantas que son resistentes a plagas y herbicidas. El resultado es el aumento de los rendimientos y la disminución de los costos de producción medidos. Sin embargo, hay pruebas de que los costes sociales o externos de este enfoque a la agricultura más que superan los costos menores de la producción. Por ejemplo, hay efectos tóxicos en los microorganismos del suelo, lo cual disminuye su fertilidad y el valor nutricional de los alimentos, así como aumenta la infertilidad de los animales y los humanas.

Cuando el patólogo de plantas y microbiólogo del suelo, Don Huberla, de la Universidad de Purdue, señaló estas consecuencias no intencionales de los OMG, otros científicos le negaron su apoyo, ya que sus carreras dependen de becas de investigación de la agroindustria. En otras palabras, Monsanto esencialmente controla la investigación sobre sus propios productos.

En su libro, la Ruleta Genética, Jeffrey M. Smith escribe: “Los alimentos genéticamente modificados son inherentemente inseguros, y las evaluaciones de seguridad actuales no son competentes para identificar esos peligros y mucho menos para protegernos de ellos.” La evidencia se está acumulando en contra de este tipo de alimentos; sin embargo, el gobierno de EE.UU. está tan ligado a Monsanto que el etiquetado de los OMG no se puede exigir.

Los pesticidas dañan aves y abejas. Hace algunos años nos enteramos de que la ingestión de pesticidas por las aves había llevado a algunas especies a estar en peligro de extinción. Si perdemos las abejas, perdemos la miel y el agente polinizador más importante. La rápida disminución de las poblaciones de abejas tiene varias causas. Entre ellos se encuentran el uso de pesticidas como sulfoxaflor y tiametoxam producidos por Dow Chemical y Syngenta. Dow está presionando a la Agencia de Protección Ambiental para permitir que residuos de sulfoxaflor puedan estar en alimentos, y Syngenta quiere ser capaz de rociar la alfalfa con muchas veces la cantidad actualmente permitida de tiametoxam.

A medida que los reguladores están más o menos en el bolsillo de la industria, las empresas probablemente tendrán éxito en sus esfuerzos por contaminar aún más la alimentación de las personas y los animales. Los beneficios de Monsanto, Dow, Syngenta son más altos debido a que muchos de los costos asociados a la producción y el uso de sus productos se imponen a terceros y están por encima de la vida misma.

Muchos países han impuesto restricciones sobre los alimentos transgénicos. Los legisladores de Rusia equiparan los alimentos genéticamente modificados a actos terroristas y quieren imponer sanciones penales. El Parlamento francés ha aprobado la prohibición del cultivo de OGM en Francia. Sin embargo, Washington presiona a los gobiernos extranjeros en nombre de sus donantes agroindustriales y químicos. Es por eso que hasta pequeños países como Costa Rica, que tienen una tradición de agricultura sana, han adoptado el uso de transgénicos en su territorio por los últimos 20 anos.

Dick Cheney usó sus dos mandatos como vicepresidente para llenar los puestos en las agencias gubernamentales con personas amigas de las corporaciones químicas. Así como los nombramientos políticos en el SEC no dejaban que los fiscales a la SEC comenzaran casos contra los grandes bancos, los reguladores ambientales tienen dificultades para proteger el medio ambiente y el suministro de alimentos de la contaminación. La forma en que funciona Washington es que los reguladores protegen a las personas que se supone deben regular a cambio de grandes puestos de trabajo cuando salen de gobierno. El economista George Stigler dejo esto claro desde hace varias décadas.

El público favorece el etiquetado de los alimentos modificados genéticamente, pero Monsanto y la Asociación de Fabricantes de Comestibles hasta ahora han tenido éxito en su prevención. El 8 de mayo el gobernador de Vermont firmó una ley aprobada por la legislatura estatal que requiere etiquetado. La respuesta de Monsanto es demandar al estado de Vermont.

La oposición al etiquetado por la agroindustria es sospechosa. Se crea la impresión de ocultar información al público. Normalmente, esto no es un ejemplo de buenas relaciones públicas. Actualmente, los alimentos se etiquetan incorrectamente mientras los alimentos transgénicos se etiquetan como “naturales”.

Los avances en la ciencia y la tecnología permiten que simples humanos puedan jugar a Dios con información insuficiente. Las desventajas de la ingeniería genética son desconocidas, y los costos podrían superar los beneficios. Lo que los economistas llaman “la producción de bajo costo” podría llegar a tener un muy alto costo.

Los economistas neoclásicos no pierden el sueño por los costes externos, porque piensan que siempre hay una solución. Ellos piensan que la manera de hacer frente a la contaminación es colocar un precio que hace que la entidad que más necesita contaminar tenga el permiso para hacerlo. De alguna manera es así que se piensa para resolver el problema de la contaminación. Los economistas neoclásicos creen que es imposible quedarse sin recursos, porque creen que el capital humano es un sustituto del capital natural. Es un mundo de fantasía en el que nos volvemos cada vez más productivos y mejores y donde nada nunca se acaba.

Los economistas ecológicos ven el mundo de manera diferente. El capital de la naturaleza, tal como los recursos minerales y la pesca se están agotando y los sumideros de eliminación de los desechos se están llenando, con la tierra, el aire y el agua contaminada. Cada acto de producción produce productos útiles y desechos. Como no se miden los costes externos y el agotamiento del capital de la naturaleza, no tenemos forma de saber si un aumento de la producción es económico o antieconómico. Todo lo que podemos decir es si los costos que se miden son cubiertos por el precio del producto.

Lo que esto significa es que en un mundo lleno, la economía neoclásica se vuelve menos significativa y es menos capaz de contribuir a nuestra comprensión de los problemas. Ni siquiera nos puede decir si el PIB sube o baja, ya que no tenemos una medida del costo total de la producción.

Para más información sobre estos temas, véase mi libro, El fracaso del Capitalismo Laissez Faire y la Disolución Económica de Occidente, y el sitio web: http://steadystate.org

Este artículo fue traducido al Español por Luis R. Miranda

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About the author: Paul Craig Roberts

Paul Craig Roberts, former Assistant Secretary of the US Treasury and Associate Editor of the Wall Street Journal, has held numerous university appointments. He is a frequent contributor to The Real Agenda News. Dr. Roberts can be reached at http://paulcraigroberts.org

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