Parece que cada vínculo común que nos une está siendo destruido y que estamos siendo presionados para imitar la creencia de que esos vínculos han desaparecido. Entonces, incluso si crees que esos lazos aún existen y que deberíamos mantenerlos; si proclamas tal creencia, inmediatamente te llaman racista, supremacista blanco y un autor arrogante de injusticia social.

Gran parte de este odio por nuestras tradiciones e historia ha sido inyectado en la sociedad por el sistema educativo, el mismo sistema que se supone que ayuda a la sociedad a criar pensadores, innovadores y, sobre todo, a los ciudadanos del mañana, que dirigirán los destinos de la Nación.

Un ejemplo de esta situación es que, según un estudio realizado por el Museo Americano de Historia y Cultura Afroamericana, sus entrevistados creen que la ‘blancura maligna’ está representada por el deseo de las personas de poder trabajar duro, tener individualismo, justicia y su propia gestión del tiempo,  gratificación a largo plazo, acceder a la ciencia y muchos otros aspectos comunes de nuestra sociedad. En su estudio, los entrevistados definen estos elementos como símbolos de la supremacía blanca que deben ser rechazados para lograr un mundo más progresivo.

Todo esto sale a la luz, dado el malentendido de la gente, con la ayuda de los gobiernos y los principales medios de comunicación, sobre el concepto de racismo, que ha sido manipulado y reformulado para causar el caos social.

Tradicionalmente, el racismo se conocía como la creencia de superioridad o inferioridad de cualquier grupo en particular. Pero hoy, el racismo se presenta a las personas como todo lo que se hace que resulta en desigualdad, especialmente en la desigualdad de resultados, que es lo que están buscando los llamados progresistas en política.

En consecuencia, si alguien no está a favor de eliminar literalmente ese sistema, se le etiqueta automáticamente como un colaborador racista.

Lo que a las personas no se les dice y seguramente no entienden es que todos los sistemas de gobierno y sociales que alguna vez existieron sufrieron desigualdad.

Incluso si alguien cree que los niveles de desigualdad que se ven hoy en día son exponencialmente mayores que en cualquier otra época de la historia humana -y lo son-, alegar que el racismo está detrás de cada ejemplo de lo que se considera desigual, e intentar destruir por completo un sistema de gobierno debido a esa creencia, en realidad no traerá igualdad a nadie.

¿Cómo es eso?

Debido a que los seres humanos tienen capacidades diferentes, toman decisiones diferentes y nacen en entornos diferentes, se hace imposible legislar o imponer la igualdad de resultados a todos y que esa “igualdad de resultados” se convierta en un modelo social de convivencia exitoso.

La igualdad de resultados es, entonces, otro ejemplo de utopía repitida por ciertas fuerzas sociales cuya única intención es dividir y conquistar. La creencia transmitida por los llamados progresistas es que cualquier sistema que “sufre de desigualdad” es inherentemente racista y que para luchar contra el racismo, todos debemos luchar contra el sistema.

De aquí proviene el término “racismo sistémico”. También es el mismo lugar de donde proviene la idea de que los “policías son racistas”, y más peligroso, es de donde surge la idea de que toda disidencia de esa opinión debe ser aplastada.

La idea de que el sistema debe ser destruido para construir una estructura completamente nueva que prohíba ni siquiera pensar en los beneficios del  trabajo duro, el individualismo y la libre empresa es patrocinada por personas como David Duke, un supremacista blanco y líder del infame Ku Klux Klan. El objetivo del llamado movimiento progresista es eliminar todos los estándares por los cuales responsabilizamos a las personas, a fin de que finalmente se llegue la “igualdad”.

¿Por qué se lanza la palabra “racismo” a todos lados contra cualquiera que valore la tradición, la historia y una sociedad gobernada por leyes? Porque hoy, ser llamado racista es probablemente la más grave de todas las acusaciones.

La alternativa a evitar esta etiqueta es aceptar la agenda progresista, aceptar la destrucción de la sociedad tal como la conocemos; una sociedad que, a pesar de sus muchas imperfecciones, nos ha permitido a todos, de todos los orígenes, etnias y estatus sociales, forjar cualquier presente y futuro que deseamos para nosotros mismos y lograr, a través del trabajo duro, cualquier objetivo que nos establezcamos.

Desafortunadamente, para aquellos que piensan que aceptar la agenda progresista es la solución para evitar que la sociedad se convierta en un incendio descontrolado, estas personas que quieren que aceptes sus deseos no conocen límites. Siempre volverán a ti para que te rindas a nuevos niveles de sumisión hasta que te quiten tu último grano de dignidad y humanidad.

Rendirse a la turba progresista no es la forma de apagar el fuego que ahora mismo consume a la sociedad.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You May Also Like

Las víctimas de la Plandemia somos los que estamos vivos

El 80 por ciento de los muertos atribuidos a la plandemia son…

The victims of the Plandemic are those who are alive

80 percent of the dead blamed on the plandemic are elderly. The…

US Supreme Court more important than November election

Amy Coney Barrett, a conservative judge, will replace Ruth Bader Ginsburg. Donald…