|Friday, August 7, 2020
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Costa Rica desciende a la tiranía 


Cuando se advierte sobre los peligros de un Estado totalitario, la gente cree que es imposible. Es una teoría de la conspiración, dicen. Su ignorancia no les permite ver más allá de sus narices.

La historia es siempre la misma: la tiranía crece desde el interior de una nación y se reproduce lentamente mientras la población se distrae con campañas de miedo, propaganda y coacción inculcados por el gobierno que son gustosamente aceptados por la población.

La analogía más cercana a esta situación es la historia de la rana en agua hirviendo. La rana nunca se da cuenta que la están cocinando viva, porque el calor sube tan lentamente que la no lo nota hasta que es demasiado tarde.

Como explicó el ex congresista estadounidense, Ron Paul, una nación cuya ciudadanía obedece ciegamente lo que sus políticos ordenan, por mandato, está destinada a vivir en la tiranía.

Eso es exactamente lo que está sucediendo con el engaño del coronavirus. A pesar del hecho de que las máscaras no protegen de la infección, los funcionarios gubernamentales en Costa Rica unilateralmente, sin aprobar ninguna ley, exigen que las personas usen máscaras en los autobuses y otros medios de transporte público.

No importa que la ciencia no proporcione ninguna prueba científica de que las máscaras ofrezcan alguna protección. De hecho, no es una cuestión de protección o salud pública, sino un intento de socavar los derechos constitucionales y civiles básicos. De hecho, de un total de 17 estudios diferentes que analizaron la efectividad de las máscaras para protegerse de infecciones respiratorias, ninguno de estos arrojó datos que prueben tal efectividad. Lo contrario es verdad.

Según lo explicado por el Dr. Paul, los mandatos para usar máscaras y otras medidas, como el confinamiento, están destinados a condicionar a las personas a obedecer sin cuestionar la validez científica de tales medidas. En los Estados Unidos, ancianos y personas con enfermedades crónicas murieron al estar confinados debido al contagio contraido con personas del núcleo familiar. En un momento determinado de la “pandemia” un 66% de los infectados procedían de ambientes confinados, no de lugares abiertos y ventilados como parques o plazas.

No estamos lidiando con una emergencia de salud, sino con un sistema que, como explicó John F. Kennedy, opera bajo medios encubiertos y que expande su esfera de influencia a través de la infiltración, la subversión, la intimidación y la construcción de una maquinaria coercitiva cuyos abusos son justificados con falsedades, cuyos errores son enterrados y cuyos disidentes son silenciados.

Tres ejemplos de lo que describí anteriormente me sucedieron en un solo día.

Al llegar a un supermercado, me advirtieron que estaba obligado a usar una máscara para ingresar a las instalaciones, de lo contrario, no me permitirían comprar comestibles.

No existe una ley o poder constitucional que permita al gobierno prohibir a las personas ingresar a un supermercado a menos que se use una máscara, y ciertamente no existe una ley que permita al gobierno obligar a los supermercados a hacer cumplir esa condición, pero aparentemente, la coerción gubernamental es más poderosa que la Constitución.

Ningún mandato de un ministro no electo, orden ejecutiva o decreto, puede anular la Constitución, pero el gobierno hace exactamente eso porque puede, porque nadie cuestiona tales abusos. En este caso, no se trata solo del uso forzado de una máscara que no protege de ningún virus. Es más serio que eso.

Lo que el gobierno está haciendo es negar la capacidad de alimentarse, a menos que cumpla con las órdenes ilegales; y los supermercados, las compañías de autobuses y todos los demás que lo hacen son cómplices deliberados de tales abusos.

Mientras el gobierno costarricense alarma al público sobre la llamada “emergencia de salud” causada por el covid-19, los policías de tránsito violan los derechos de las personas a moverse libremente, como lo garantiza la Constitución. Las personas son detenidas ilegalmente sin razón alguna.

Hoy, mientras viajaba en un Uber, la conductora me contó sobre su experiencia con policías de tránsito, quienes actuaron agresivamente y con arrogancia cuando la detuvieron. Durante la última experiencia que tuvo, el policía amenazó con llamar a más patrullas porque según él, ella estaba siendo “irrespetuosa”. Ella le dijo que no entendía por qué estaba siendo detenida o multada si no había cometido ninguna violación de tráfico. El policía, lleno de arrogancia, actuó como si sus preguntas fueran un desafío a su “poder”. Lo más probable es que simplemente quisiera un soborno a cambio de dejarla ir.

Más tarde, un policía detuvo a otro Uber en el que viajaba y amenazó al conductor con emitir una multa y confiscar sus placas de matrícula porque no podía producir un recibo de supermercado por un producto que no había comprado.

Además de detenerlo ilegalmente, ya que no se había cometido ningún delito, el policía exigió la licencia de conducir y otros documentos y le dijo que emitiría una multa por 110,000 colones sin ninguna razón para justificar tal multa. Después de que el policía tomó los documentos, el conductor salió del auto y, le ofreció un soborno al polícia, o el policía le pidió un soborno al conductor para dejarlo ir. Después de una breve conversación, el policía aceptó un soborno de 20,000 colones.

Así de grave es la “emergencia de salud”. Se puede resolver con un soborno de 20,000.

Estos policías pertenecen a un sistema corrupto donde los funcionarios del gobierno piensan que son dioses mientras llevan un uniforme y portan un arma de fuego. Nadie puede siquiera hacer una pregunta simple sobre sus prácticas ilegales porque los dioses no pueden ser desafiados en su decisión.

Como dice el Dr. Paul, debemos hacer una pausa y reflexionar sobre las mentiras que nos cuentan. Las máscaras son solo una forma de manipulación psicológica y los científicos han dicho que son inútiles y potencialmente peligrosas para la salud. “La persona sana promedio no necesita tener una máscara, y no deberían usar máscaras”, dice el Dr. Eli Perencevich, profesor de medicina y epidemiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Iowa.

“No hay evidencia de que usar máscaras en personas sanas los proteja”, dijo Perencevich. “Las usan incorrectamente y pueden aumentar el riesgo de infección porque se tocan la cara con más frecuencia”.

El confinamiento es impuesto para condicionar a las personas a obedecer sin cuestionar. Una nación que solo hace lo que los “expertos” dicen, sin cuestionar nada, está condenada a volverse uma tiranía.

No hay ninguna pandemia a la cual temer. Lo que hay es un virus que es apenas igualmente peligroso que la gripe común, modelos de predicción falsos, tratamientos recomendados que están matando pacientes –como los respiradores en hospitales, pruebas contaminadas y poco confiables para detectar el virus, un número inflado de muertos para promover intereses políticos y económicos y justificar los abusos de las autoridades, y un esquema de histeria impulsado por los medios de comunicación para justificar el objetivo final que es esclavizar a la población con vacunas forzadas, microchips implantados y vigilancia total en un Estado totalitario.

La conclusión es esta: somos libres o no lo somos. No existe una nación medio libre, y en este momento, Costa Rica se está deslizando inequívocamente hacia el precipicio de la tiranía, que es justificada por los políticos con una emergencia que no existe y aceptada por una población que es extremadamente ignorante y cobarde para oponerse a ella.

Ante este escenario, los costarricenses merecen la tiranía que obtendrán.

Para obtener datos veraces sobre la realidad del covid-19, siga los datos recavados por el Swiss Policy Reseach aquí.

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About the author: Luis R. Miranda

Luis R. Miranda is an award-winning journalist and the founder & editor of The Real Agenda News. His career spans over 23 years in every form of news media. He writes about environmentalism, education, technology, science, health, immigration and other current affairs. Luis has worked as on-air talent, news reporter, television producer, and news writer.

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