Niveles elevados de elementos químicos tóxicos en el aire, el agua y los alimentos, gentileza de tu Gobierno y de las corporaciones que lo controlan

Hemos alcanzado un punto en que cualquier persona con un pensamiento crítico no puede seguir negando que estamos siendo deliberadamente envenenados. Casi todo aquello lo que comemos y bebemos y cuyo precio es razonable, en realidad es tóxico. Las entusiastas manifestaciones a favor de su salubridad y los sellos de aprobación de la EPA, la FDA, y USDA, no son más que espejismos y humo: la verdad es que se está engañando a la gente para que gaste su dinero en adquirir sustancias que producen enfermedad y muerte.

Se nos ha declarado una guerra química. Los campos de batalla son nuestros hogares, los supermercados, las farmacias. Es un genocidio, y nosotros somos las víctimas a quienes va dirigido. Ya en el año 1974, la alimentación se convirtió en el arma principal de las Naciones Unidas en una guerra sigilosa librada contra los ciudadanos del mundo.

Agua

En muchos lugares, abrir el grifo libera un chorro tóxico que llega directamente al vaso o a la ducha. La presencia de algunos de estos aditivos es por causas fortuitas, y los productos tóxicos presentes en el suministro municipal del agua varían de una ciudad a otra. Por ejemplo, en el Medio Oeste de los Estados Unidos, hay niveles elevados de pesticidas (en particular, de herbicidas) debido a las prácticas agrícolas que contaminan el agua subterránea (ello afecta también al agua de los pozos de la zona). En 22 estados donde hay empresas militares privadas, se ha hallado perclorato (el componente explosivo del combustible de los cohetes) en el agua del grifo. En 2008, la agencia de noticias AP difundió un informe en el que se dio a conocer que los centros de tratamiento de agua no podían eliminar todas las trazas de medicamentos (estos llegaron al agua a través de la orina animal y humana). El agua del grifo contiene también elementos contaminantes como el aluminio, el arsénico y el plomo.

Pero esto es solo la punta del iceberg. El cloro, el amoniaco y el fluoruro son vertidos deliberadamente al suministro en las instalaciones de tratamiento de aguas, y se nos dice que todo eso es por nuestro bien. Sin embargo, lo cierto es que esos aditivos son venenos.

Cloro:

Este elemento elimina las bacterias que causan enfermedades, pero crea también numerosos subproductos tóxicos, como cloroformo y trihalometanos.

Según el Dr. Michael J. Plewa, experto en toxicología genética, de la Universidad de Illinois, el agua clorada es carcinógena. “Los individuos que consumen agua potable clorada tienen un elevado riesgo de desarrollar cáncer de vesícula, de estómago, de páncreas, de riñón y de recto, así como linfoma de Hodgkin y linfoma no Hodgkin”.

Amoniaco:

Para contrarrestar algunos de los efectos carcinógenos del cloro añadido al agua, algunas instalaciones añaden también amoniaco al agua clorada con tal de satisfacer los estándares de la EPA. Esto da lugar al agua “cloraminada”. Cualquiera que limpie en su casa sabe que debe evitar mezclar lejía (cloro) y amoniaco; por lo tanto, ¿por qué no se evita esto en las instalaciones de tratamiento del agua? Desafortunadamente, ello crea una variedad nueva de toxinas: peces y reptiles mueren en el agua cloraminada, y los efectos sobre el ser humano todavía están siendo estudiados.

Para empeorar aún más la situación, el agua clorada reacciona con el plomo de las cañerías, liberando otro elemento tóxico al sistema público de agua. En Washington DC, cuando comenzó a añadirse cloro al agua, se descubrió que los niveles de plomo eran ¡4.800 veces superiores al nivel aceptable de la ONU para este metal pesado tóxico!

Flúor:

Exactamente el mismo fluoruro que se añade al suministro de agua en las instalaciones de tratamiento (fluoruro de sodio) se vende bajo un etiquetado diferente como pesticida; así es: para combatir plagas.

El consumo de fluoruro afecta negativamente al coeficiente intelectual, causa infertilidad, ha sido relacionado con el cáncer y provoca el endurecimiento de las arterias. De hecho, un estudio “publicado en la edición de enero del Nuclear Medicine Communications, destaca el hecho de que la exposición excesiva al fluoruro podría ser la causa de la epidemia de enfermedades cardiovasculares que cada año se cobra más vidas que el cáncer. En el año 2008, murieron 17 millones de personas por enfermedades cardiovasculares. Según los autores del estudio: “El nivel de absorción de fluoruro en pacientes con episodio cardiovascular fue significativamente mayor que en pacientes sin episodios cardiovasculares.”” (Fuente)

También es importante observar que la inclusión de fluoruro en el agua potable no produce efectos positivos observables sobre la salud dental. De hecho, incluso puede producir fluorosis dental, una sobreexposición al fluoruro con efectos visibles, que abarcan desde pequeñas manchas blancas en el esmalte dental hasta un pronunciado tono marrón.

Alimentos

El supermercado no es más que otro reto que superar. Las supuestas garantías de salubridad que han sido “confirmadas” por la FDA son una completa falacia. Los alimentos integrales y orgánicos superan en más de cuatro veces el precio de los alimentos cultivados de manera convencional, mientras que los alimentos procesados son promocionados sobre los demás. Algunos de los venenos más comunes que pueden hallarse en el supermercado no están etiquetados o el etiquetado es engañoso.

Organismos genéticamente modificados:

Es prácticamente imposible hacer la compra sin añadir algún ingrediente genéticamente modificado a la cesta. Por ejemplo, casi cualquier producto procesado contiene maíz, y hasta el 85% del maíz cultivado en Estados Unidos ha sido modificado genéticamente. Sin embargo, los organismos genéticamente modificados resultan muy caros para tu salud, a pesar de las afirmaciones de las corporaciones en sentido contrario.

Tan solo algunos de los resultados de una dieta con productos genéticamente modificados (basados en estudios contrastados por otros científicos) son: tumores, muerte prematura, fallo multiorgánico, lesiones gástricas, hepáticas y renales, reacciones alérgicas graves, gen vírico con efectos perjudiciales sobre las funciones biológicas humanas… puedes leer más AQUÍ.

Edulcorantes artificiales:

Los edulcorantes artificiales son letales.

Splenda, por ejemplo, es el nombre comercial de la sucralosa, un edulcorante artificial a base de moléculas cloradas, que se forma cuando los grupos hidroxilos de una molécula de azúcar quedan reemplazados por moléculas de cloro. Según el doctor James Turner, presidente del grupo de divulgación nacional para el consumidor Citizens for Health, “en los animales examinados para el estudio, Splenda redujo la cantidad de la beneficiosa flora bacteriana de los intestinos en un 50 %, incrementó el pH del medio intestinal, contribuyó a incrementar el peso corporal y alteró los niveles de glicoproteína P (gp-P) de tal modo que el consumo de determinados medicamentos podría tener efectos decisivos sobre la salud”.

El edulcorante ha sido asociado a:

  • Problemas gastrointestinales

  • Migrañas

  • Apoplejía

  • Vértigo

  • Visión borrosa

  • Reacciones alérgicas

  • Aumento de los niveles de azúcar en sangre

  • Aumento de peso

Alarmantemente, existe algo todavía peor: el aspartamo. Esta letal excitotoxina estimula literalmente tus neuronas, ¡hasta que mueren! Por si eso no basta para que descartes definitivamente los refrescos de cola bajos en calorías, es también un conocido carcinógeno que se descompone formando formaldehído en el cuerpo humano. De hecho, se han documentado 92 efectos negativos para la salud relacionados con el consumo de aspartamo.

Pesticidas

Incluso la partidista Agencia de Protección Medioambiental tiene que admitir que la ingestión de pesticidas puede causar problemas de salud. Advierte sobre el riesgo de “defectos congénitos, lesiones neurológicas, cáncer, y otros efectos que podrían ocurrir en un periodo prolongado de tiempo”. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, a pesar de esta advertencia, la EPA precisamente AUMENTÓ el límite aceptable de glifosato a petición de Monsanto. Los niños son especialmente vulnerables a la exposición a los pesticidas.

Los bebés y los niños podrían ser especialmente sensibles a los riesgos para la salud que plantean los pesticidas, por distintas razones:

  • Sus órganos internos todavía están desarrollándose y creciendo.

  • En relación con su peso corporal, los bebés y los niños ingieren más comida y líquidos que los adultos, lo que posiblemente incrementa su exposición a los pesticidas presentes en el agua y los alimentos.

  • Determinados comportamientos –como jugar sobre el suelo o el césped, o llevarse objetos a la boca– incrementan la exposición del niño a los pesticidas empleados en los hogares y jardines.

Los pesticidas pueden perjudicar el desarrollo infantil, impidiendo la absorción de importantes nutrientes necesarios para un crecimiento normal y saludable. Otro modo en que los pesticidas pueden ser perjudiciales es cuando el sistema excretor del niño no está plenamente desarrollado, porque entonces el cuerpo no puede librarse completamente de los pesticidas. Además, existen también “periodos críticos” del desarrollo humano en que la exposición a una toxina puede alterar de forma permanente el funcionamiento del sistema biológico de un individuo (fuente).

El sitio web What’s On My Food adopta una postura más crítica que la EPA respecto al riesgo de los pesticidas.

Las consecuencias para la salud humana vinculadas a la exposición a pesticidas abarcan desde defectos congénitos y tumores cerebrales en niños, hasta la enfermedad de Parkinson en ancianos. Entre ambos extremos existe una diversidad de cánceres, trastornos del desarrollo y neurológicos, alteraciones del sistema hormonal y reproductivo, entre otros.

  • Autismo

  • Cáncer de mama

  • Enfermedades infantiles

  • Efectos perjudiciales del endosulfán

  • Diabetes gestacional

  • Enfermedad de Parkinson

Hormonas del crecimiento

La carne y los productos lácteos que consumimos tampoco son seguros: los animales de granja y el ganado lechero son inyectados con hormona del crecimiento genéticamente modificada, contaminando la leche producida o la carne de los animales sacrificados.

“En cuanto al riesgo de cáncer, la leche de las vacas a las que se ha inyectado hormona del crecimiento genéticamente modificada contiene “hasta diez veces la cantidad de factor de crecimiento insulínico tipo 1.” Se ha demostrado que el factor de crecimiento causa cáncer de mama, de próstata y de colon (Miller). Cuando los humanos consumen esta leche, aumentan el riesgo de desarrollar estos cánceres. Este no es el único riesgo para la salud reproductiva: en cuanto a las ratas alimentadas con patatas genéticamente modificadas, desarrollaron cerebros, testículos e hígados más pequeños, y los machos alimentados únicamente con soja genéticamente modificada sufrieron cambios en los testículos, que pasó “del color habitual rosado al azul oscuro”.”

Fuente

Fármacos

Los problemas no terminan en el supermercado: te arriesgas la vida cuando consumes medicamentos que se nos asegura que son no solo seguros, sino beneficiosos.

Vacunas:

Una diferencia importante entre la década actual y la de los años setenta es la intensificación de los programas de vacunación que se nos anima que apliquemos a nuestros hijos, cuando no se nos intimida o se nos responsabiliza directamente de ello. El Dr. Russell Blaylock escribió: “En 1976, los niños recibían 10 vacunas antes de comenzar el colegio. Hoy en día, habrán recibido más de 36 inyecciones. La Academia Americana de Pediatría y el Centro para el Control de Enfermedades garantizaron a los padres que era seguro no solo administrar estas vacunas, sino que podrían administrarse de una vez con total seguridad”.

Se ha escrito mucho sobre el riesgo de desarrollar autismo con estas vacunas, pero es importante observar que muchas de ellas contienen también mercurio, un conocido elemento carcinógeno.

Los niños no son el único objetivo de las empresas que producen las vacunas. En muchos lugares de trabajo se está comenzando a imponer la vacunación anual contra la gripe. De esa manera, cada año se te anima a inyectar en tu cuerpo los siguientes elementos tóxicos:

  • Etilenglicol (anticongelante).

  • Fenol, conocido también como ácido carbólico (utilizado como desinfectante y colorante).

  • Formaldehído, un conocido agente causante del cáncer.

  • Aluminio, que guarda relación con enfermedades como el alzhéimer, las apoplejías, y también con la aparición de cáncer en ratas de laboratorio (se utiliza como aditivo para favorecer la respuesta inmune).

  • Timerosal (un desinfectante y conservante derivado del mercurio), que puede dar lugar a lesiones cerebrales y a enfermedades autoinmunes.

  • Neomicina y estreptomicina (utilizados como antibióticos), que han causado reacciones alérgicas en algunas personas.

Otros medicamentos:

La gente está convencida de que existe una pastilla mágica para cada cosa, y ello gracias a la programación de las masas llevada a cabo mediante campañas publicitarias en televisión. Escuchan que es mucho más fácil tragarse una pastilla para cambiar sus niveles de triglicéridos que modificar la dieta y el estilo de vida. Y hablando de dietas, ¿para qué quieres ponerte a régimen cuando tomar cómodamente una pastilla puede ayudarte a perder peso? Lo que no te dicen es que también podría causarte una lesión coronaria irreparable, o requerir una intervención quirúrgica para reparar el daño causado por esa pastilla, pero al menos puedes comer galletas, ¿verdad?

Sin embargo, la lamentable verdad es que muchos medicamentos ocasionan tantos problemas como curan. Los medicamentos prescritos matan a más de 100.000 personas cada año. Con frecuencia, la gente tiene que tomar medicamentos adicionales para contrarrestar los indeseables efectos secundarios de la primera medicación. Casi nunca se empieza por ofrecer una solución holística respecto a la dieta y al estilo de vida: una visita al médico casi siempre significa una visita posterior a la farmacia. Y como suele ocurrir, no es hasta muchos años después cuando la verdad sale a la luz y desvela los horribles efectos sobre la salud que produjo un nuevo medicamento milagroso; en ese momento se presentan demandas colectivas, pero ya es demasiado tarde. Un acuerdo económico raramente compensa los problemas de salud sufridos por un niño con defectos congénitos, o por una persona que debe llevar una bolsa de colostomía durante el resto de su vida, ni compensa a los niños que han perdido a su madre, y todo por un medicamento prescrito.

Y aún hay más…

Esta es solo una pequeña parte de las toxinas que estamos ingiriendo, respirando y absorbiendo por la piel cada día. Estamos enjabonando nuestra piel con productos petroquímicos. El bisfenol A se filtra en nuestros alimentos y bebidas. Las estelas químicas y los métodos de cultivo cuestionables están contaminando el aire que respiramos… todo esto da para escribir un libro, y no únicamente un artículo. Aditivos como el glutamato monosódico e ingredientes no alimenticios de nombre impronunciable están matando nuestras neuronas y desencadenando el crecimiento de células cancerosas en nuestro organismo.

¿Y cuál es el resultado de todo esto?

  • Enfermedad

  • Obesidad

  • Apatía

  • Menor coeficiente intelectual

  • Menor esperanza de vida

  • Infertilidad

Si todo se limitara a alguna agresión tóxica fortuita, podría pensarse que esto es accidental, algo que ha ocurrido solo por negligencia. Pero con todos los indicios que demuestran de manera irrefutable que los alimentos que ingerimos, el agua que bebemos, y el aire que respiramos nos está enfermando, ¿cómo podemos llegar a cualquier otra conclusión que no sea la del “ataque deliberado”?

Todas esas agencias que supuestamente están ahí para nuestra protección son meros brazos ejecutores de la gigantesca maquinaria de propaganda. Están ahí para convencernos de que “alguien” pondría fin a ello si estas cosas realmente fueran malas para nosotros. Están ahí para crear una falsa sensación de confianza en nuestros organismos reguladores, y para hacernos creer que nuestra salud y seguridad es su principal preocupación.

La moderación no es una opción válida. Tenemos que contrarrestar con la evitación más estricta.

Piensa en esto:

¿Le darías a sabiendas a tu hijo solo “un poquito de cianuro”? ¿Le dejarías tomar una porción de estricnina “de vez en cuando”? ¿Le darías un cigarrillo solo porque “eso es lo que te ofrecen cuando sales por ahí”? ¿Le dejarías beber lejía de la despensa con tal de que no fuera una cantidad inmediatamente letal, y si estuviera tan diluida que no se quemara la garganta cuando la tragara?

Nuestros políticos, agentes gubernamentales y agencias de “protección” están comprados y bien pagados. En el mejor de los casos son cómplices, y en peor de los casos son los que han establecido así las cosas.

¿Por qué?

Y aquí viene lo difícil; aquello por lo que todo el mundo te tacha de loco conspiranoico. Es el momento en que pierdes audiencia, porque la realidad causa que la disonancia cognitiva entre en acción. Nadie puede creer que un Gobierno enferme deliberadamente a sus ciudadanos, los vuelva infértiles, estúpidos, y les cause la muerte.

Pero existen razones perversas para ello; he aquí algunas:

  • Una población enferma y embotada es más fácil de controlar, pues está demasiado letárgica para resistir a la tiranía.

  • La gente que muere joven no representa una carga para las finanzas del país: no recibirá seguridad social ni utilizará cantidades inmensas de atención sanitaria en la edad avanzada. La eugenesia es rentable.

  • Una población idiotizada aceptará sin rechistar cualquier cosa que reciba. Estará compuesta por pequeñas abejas obreras, drones humanos realizando tareas que no requieren capacidades de pensamiento crítico, felices de ser recompensados con una caja de cerillas donde vivir y con un carrito lleno de alimentos procesados.

  • La infertilidad contribuye a las medidas de despoblación.

¿Cómo ofrecer resistencia?

La resistencia no es fácil. Evitar ser envenenado es ser etiquetado como un tarado, como aquel que en las fiestas de la oficina y en las reuniones familiares lleva su propia comida, el centro de las miradas directas y esquivas.

Aprieta los dientes, ignora a los detractores, y haz tantas de las siguientes cosas como sea posible.

  • Ponte manos a la obra en el jardín y comienza a cultivar tus propios alimentos.

  • Únete a otras personas de ideas similares y forma una pequeña cooperativa de compradores para productos como carne y cereales a granel.

  • Busca remedios naturales antes que farmacéuticos.

  • Establece relaciones con los agricultores locales, de forma que puedas acceder a fuentes confiables de alimentos.

  • Mientras puedas, almacena, hazte con una despensa de alimentos integrales a granel.

  • Bebe agua mineral y evita el agua “de las ciudades”.

  • Planta un pequeño jardín de hortalizas en el alféizar de la ventana.

  • Escoge productos de belleza y de salud naturales, que no contengan derivados petroquímicos.

  • Enseña a tus hijos POR QUÉ evitas ciertas cosas.

  • Difunde el mensaje a todo aquel que escuche: la clave está en repetirlo.

El genocidio norteamericano ya no es una teoría de la conspiración. Hay pruebas suficientes de que la conspiración es un hecho irrefutable.

Traducción al espanol por Yo Esclavo.

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