No se usted, pero tengo la edad suficiente para recordar una caricatura llamada El Mundo de Bobby. Se trataba de una serie de televisión infantil de comedia animada estadounidense, cuyo personaje principal era un niño de 4 años llamado Bobby.

Bobby tenía una gran imaginación. Según la descripción del programa, Bobby afirmaba que provenía de un lugar de fantasía llamado “Bobbyland” donde él mismo gobernaba todo.

Si esta descripción suena familiar en nuestro mundo actual, es porque, como Bobby, los medios de comunicación pretenden tener el poder de gobernar a sus lectores y espectadores.

Las cabezas parlantes de la televisión y los supuestos periodistas de los periódicos y revistas imaginan, día tras día, que tienen el poder en cualquier país y que tienen derecho a decirle a la gente qué pensar, cómo pensar y por qué deberían pensar como ellos dicen.

Curiosamente, esta tendencia ha demostrado ser más fuerte que nunca durante el mandato de Donald Trump en la Casa Blanca.

A Trump lo odian los medios de comunicación por ser firme, criatiano, pro-vida y por querer lo mejor para su país.

En las elecciones recientes, medios corporativos a lo largo del planeta otorgaron estados al candidato demócrata Joe Biden, incluso antes de que terminara el conteo. En algunos estados fue peor que eso. Incluso otorgaron algunos estados de la unión antes de que hubieran comenzado a contar los votos.

De hecho, en este mundo donde viven los loros de los medios de comunicación, le adjudicaron a Biden la victoria de la elección antes de que el colegio electoral certificara los resultados. El colegio electoral no ha certificado, hasta el día de hoy los resultados, pero para los medios Biden es el legítimo ganador de las elecciones.

Según los medios, en este mundo paralelo, el presidente estadounidense sigue siendo un agente ruso, al igual que su abogado, Rudi Giuliani. Últimamente, los megáfonos corporativos han perpetrado otro engaño al público. Le han dicho a sus audiencias cada día menores, que la vacuna contra el COVID que Trump dice que llegará pronto, es peligrosa porque fue producida bajo su administración.

Incluso más recientemente, han descrito la visita de dos congresistas de Michigan a la Casa Blanca como un “fuerte golpe a la democracia” y un intento de Trump de “subvertir las elecciones de 2020“.

Donald Trump y sus aliados se han adentrado en un territorio desconocido y alarmante. Lo que están haciendo ahora no es solo impugnar el recuento de las elecciones presidenciales, sino intentar subvertir el proceso utilizando el poder de la Casa Blanca”, explica el diario EL PAIS, una publicación globalista que opera desde Madrid, España.

Como en muchas otras ocasiones, con la mayoría de los medios de comunicación, esta publicación ampliamente desacreditada no ofrece pruebas de tal intento de subversión. Solo tenemos que creerles porque ellos nos lo dicen.

Los mismos medios de comunicación que llaman dictador a Trump son los que ni siquiera tocan las numerosas denuncias de presunto fraude perpetrado en todos los estados indecisos, donde Trump ganaba por 200.000, 400.000 e incluso 800.000 votos antes de que esos estados decidieran unilateralmente dejar de contar durante las votaciones el 3 de noviembre.

A Joe Biden los medios le dieron la victoria la noche de las elecciones, sin que el colegio electoral ni siquiera hubiese recibido las cuentas realizadas por los Estados de la Unión.

Lo que sucedió después es algo que nadie puede explicar y los medios nunca mostraron interés en investigar. Joe Biden logró superar la ventaja de Trump en esos estados y supuestamente los ganó por unos pocos miles de votos.

Lo que los medios alegan que hizo Biden no es una hazaña sencilla. Es un gran trunfo, si está dispuesto a creerlo al pie de la letra. Los medios quieren que les creas.

¿Cómo logró Biden sumar más de un millón de votos en un solo estado para vencer a Trump? Está más allá de la comprensión de cualquiera. Lo único seguro hasta ahora es que miles y miles de boletas aparecieron mágicamente de la noche a la mañana en todos los estados indecisos, por lo que una vez que se reanudó el conteo, la cantidad de votantes que votaron por Biden fue suficiente para superar más de 1.2 millones de votos que lo separaban de la presidencia.

Desafortunadamente, los medios tampoco quisieron investigar esto. Rápidamente declararon a Biden como el ganador.

Uno de los medios que más sufrió por las personas que están hartas de sus mentiras es FOX NEWS. La cadena de noticias que había disfrutado de las calificaciones más altas en la historia de la cobertura política estadounidense comenzó su colapso la noche de las elecciones después de que dió Arizona a Joe Biden cuando el conteo de votos apenas había alcanzado el 2 por ciento.

Pero quizás la señal más clara de que los medios operan en un universo paralelo es el fraude masivo de voto electrónico que tuvo lugar el 3 de noviembre. Para los presentadores de noticias que odian a Trump, la acusación de fraude masivo era otra “teoría de la conspiración”.

No fue relevante para ellos que empleados de la empresa conocida como Dominion, la encargada del software que contaba los votos en varios estados de Estados Unidos, confesaran expresamente que las máquinas estaban amañadas para darle la presidencia a Biden.

En un caso relacionado, una exfiscal federal y actual abogada de la campaña de Trump, Sidney Powell, dijo en una conferencia de prensa que tenía pruebas de manipulación de votos electrónicos llevada a cabo en las máquinas de votación a través de puertas traseras que permitían a los piratas informáticos u operadores de Dominion agregar votos para Biden y restar votos a Trump.

No importa cuán extravagantes puedan ser las afirmaciones de Powell, lo sorprendente de todo es que los medios de comunicación ni siquiera se molestaron en cuestionar las afirmaciones hechas por ella y el abogado de Trump, Rudi Giuliani, quien apareció con Powell para denunciar el presunto fraude.

Un ejemplo más de negligencia mediática es COVID-19. Al igual que en el caso de las elecciones, los principales medios de comunicación se asociaron con la máquina de propaganda de COVID para provocar alarmismo entre la población, reforzando el mensaje de que la gente tenía que obedecer las medidas ilegales impuestas por los políticos.

Al principio, serían solo un par de semanas de confinamiento de línea dura. Esas dos semanas se convirtieron en meses sin una explicación creíble para permanecer aislados.

Luego vino el uso de máscaras tóxicas, que además de intoxicar lentamente a las personas que respiran su propio CO2, están elaboradas con teflón, lo cual crea un ambiente adecuado para que los portadores desarrollen infecciones respiratorias bacterianas. Ninguno de estos hechos fue informado ni investigado adecuadamente por los medios de comunicación.

Las redes sociales, que al principio parecían ser una válvula de escape para las personas que querían informarse y leer diferentes puntos de vista y opiniones sobre las mismas noticias que estaban siendo ignoradas en los principales medios de comunicación, ahora han visto cómo empresas como Google, Facebook, Twitter y Youtube operan y sirven a los intereses de un solo lado.

La censura corre desenfrenada en todas las plataformas. Las audiencias del Congreso estadounidense en las que los jefes de estas empresas comparecen bajo juramento carecen de sentido. Aparecen en vido llamadas y mienten descaradamente sin consecuencias.

El nivel de censura es tal que incluso personalidades de los medios con una trayectoria consolidada en televisión, radio y prensa escrita están optando por crear cuentas en redes sociales alternativas como Medium, Gab y Parler. Algunas cuentas de Parler han visto aumentar su número de seguidores en miles en un solo día a medida que la gente escapa de la flagrante censura de Twitter.

A medida que los principales medios de comunicación cavan sus propias tumbas donde parece que van a morir lentamente, los congresistas republicanos ahora están tratando de ponerse al día con la censura de las redes sociales.

Las voces están comenzando a pedir una legislación que regule o disuelva a Google, mientras que otras piden que Twitter y Facebook sean responsables de sus decisiones editoriales cada vez más sesgadas que permiten algunos contenidos, como pornografía, decapitaciones humanas y llamadas a la violencia, pero no ciertos anuncios o comentarios políticos. y publicaciones que desafían el status quo.

¿Terminarán estos llamados en acciones que responsabilicen a los principales medios de comunicación? ¿Usted que piensa?

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