Hay muy poco que Francisco pueda decir públicamente que pueda sorprender a nadie.

Se ha demostrado repetidamente que el Papa está mal aconsejado o es claramente ignorante sobre algunas de las cuestiones más importantes que ocupan las mentes de la gente hoy en día.

Desde que se convirtió en Papa, Francisco ha emitido varias declaraciones sobre temas como el cambio climático, la pobreza, la desigualdad, el capitalismo, el libre mercado y otros. La mayoría de sus declaraciones han sido ambiguas o simplemente carecen de lógica.

Recientemente, el Papa concedió una entrevista a la publicación católica francesa La Croix, donde, una vez más, demuestra que él no entiende la diferencia entre el capitalismo de libre mercado y el control corporativo de la economía.

De acuerdo con su entrevista en La Croix, Francisco cree que el libre mercado no funciona. Dice que un mercado libre es el culpable de la desigualdad global, con una pequeña minoría que controla la mayor parte de la riqueza, mientras que la mayoría vive en la pobreza.

Francisco olvidó mencionar que él es parte de esa pequeña minoría que no sólo controla billones de dólares de riqueza, pero que no tiene intención de compartirla, que es lo que él exige que otros hagan.

De acuerdo con cifras oficiales citadas por la revista TIME, El Vaticano, la entidad que alberga la Iglesia Católica y el Papa Francisco, se posee entre 10 mil millones y 15 mil millones de dölares.

El Vaticano posee acciones en mercados bursátiles por unos 1,6 mil millones, un 15% del valor de las acciones enumeradas en el mercado italiano. El Vaticano tiene grandes inversiones en banca, seguros, productos químicos, acero, construcción, bienes raíces y otros.

En otras palabras, el Papa critica y desprecia el sistema que ha permitido al Vaticano acumular riqueza y recursos de los que goza hoy en día. Por otra parte, el Papa ha fallado en proporcionar visiblemente una parte de esa riqueza a las personas más necesitadas en el mundo, tales como los refugiados de quien él habla con tanto cariño.

“A diferencia de los accionistas ordinarios, el Vaticano no paga impuestos sobre estos ingreso”, informa TIME. Además, el banco del Vaticano es conocido por participar en transacciones de miles de millones de dólares en dinero de la droga, que ha estado circulando por todo el mundo durante años.

El Banco del Vaticano es acusado de lavado de dinero, tráfico de información privilegiada y manipulación de mercados, según lo informado por el Independent del Reino Unido. Mientras tanto, el Papa continua sin hacer esfuerzos significativos para hacer frente a las acusaciones como las citadas anteriormente. Si Francisco está haciendo esto, sus acciones son un secreto, por ahora.

Según Francisco, hay espacio para un mercado, pero en su opinión socialista tiene que haber un gobierno para controlarlo. Incluso tiene un nombre para este sistema: “economía social de mercado.”

En lo que respecta a los inmigrantes y refugiados, algunos de los cuales Francisco ha decidido ayudar a regañadientes, el Papa parece haber entrado en razón. Él cree que si bien “no se puede abrir las puertas de manera irracional, la pregunta básica que se debe hacer es por qué hay tantos de ellos hoy en día.”

Dice que el problema inicial es de las guerras en el Medio Oriente y África, así como el subdesarrollo del continente africano, es lo que provoca el hambre.

“Si hay guerra es porque hay fabricantes de armas… y especialmente traficantes de armas”, explicó el Papa.

“Si hay tanto desempleo se debe a la falta de inversiones que creen puestos de trabajo, que es lo que es necesario en África”, dijo Francisco.

Sus comentarios sobre la inmigración y los refugiados parecen haber hecho un giro de 360 grados de su creencia tradicional de que las puertas deben estar abiertas para todas las personas que llegan de Africa del Norte. Eso es lo que él ha defendido en el pasado.

Sobre los orígenes del terrorismo y, más concretamente, el terrorismo islámico, Francisco culpa a la cultura occidental lo que ha causado el aumento del odio en contra de Europa y las Américas.

“En cuanto al terrorismo islámico, debemos cuestionar la forma en que Occidente ha exportado un modelo de democracia occidental a países donde hubo un fuerte poder como Irak. O Libia, con una estructura tribal. No se puede avanzar sin tomar en cuenta esas culturas. Como dijo un libio hace algún tiempo: “Antes teníamos un Gadafi, ahora tenemos 50”.

A pesar de que el Papa está en lo cierto sobre la imposición de lo que la mayoría de las personas llaman los valores occidentales sobre Oriente Medio y los países africanos, él pinta el asunto con un pincel muy ancho. Francisco asigna la culpa a Occidente en su conjunto, aunque el Establecimiento y el complejo militar industrial sean los que están en control de las decisiones que se toman sobre la guerra y la paz.

Ni este Papa ni su predecesor mostraron ninguna oposición a las guerras en países como Siria o Libia, y en su lugar sólo realizan llamados moderados o débiles para que se opte por otras formas de resolver los conflictos. Pero hasta en eso Francisco ha sido diferente a sus antecesores. Él ha ido tan lejos al punto de apoyar el uso del aparato militar contra los países que él dice que son víctimas de la guerra desmedida.

“La forma en que el Occidente ha intervenido en países como Irak y Libia es el origen de la actual ola de terrorismo”, dice el Papa en la entrevista.

Después, Francisco, una vez más, confunde las manzanas con las naranjas al describir por qué los inmigrantes deben ser integrados en Europa. Citó el caso del nuevo alcalde de Londres, Sadiq Khan, hijo de un musulmán paquistaní. “Esto demuestra la importancia de Europa para recuperar su capacidad de integración”.

El Papa no entiende la diferencia entre la inmigración legal e ilegal. No entiende que, al igual que existen recursos limitados y que el socialismo termina cuando el dinero de los otros se agota completamente, la integración de los inmigrantes depende del esfuerzo realizado tanto por la sociedad que acoge a los inmigrantes como por los que buscan un nuevo hogar.

En el caso de Europa, las grandes olas de inmigrantes, especialmente los jóvenes que han entrado en Europa como refugiados, han demostrado que no están interesados en integrarse a la sociedad occidental, sino en conquistar Europa.

Estos inmigrantes no son los típicos refugiados que sólo quieren un futuro mejor para ellos y sus familias. Muy pocos de ellos son examinados antes de entrar en Europa, a pesar de que es evidente que un gran número de ellos están ideológicamente vinculados con el terrorismo islámico.

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