|Friday, August 7, 2020
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Es hora de acabar con la dependencia perpetua 


Resulta que cada vez que una conversación se vuelve política, solo los políticos se benefician de ella.

En una sociedad sana, las personas en el poder estarían en serios problemas en este momento, y el resto de nosotros estaríamos haciendo preguntas reales e importantes:

¿Por qué las cosas se están desmoronando?
¿Por qué nuestras calles están sucias?
¿Por qué aumenta el crimen?
¿Por qué nada parece funcionar?

En lugar de eso, somos parte de una sociedad masivamente ignorante e histérica, gobernada por el miedo. El miedo nos carcome. Miedo al crimen, miedo al vecino que nos mira de forma extraña, miedo a un virus.

Todos pagamos mucho dinero al gobierno para que la sociedad siga funcionando; todos nosotros, de todos los credos, afiliación política y religiosa. Pero no estamos obteniendo mucho a cambio. No es un muy buen negocio.

Pero en la sociedad que vivimos, donde solo oímos cosas como justicia social, igualdad de género y otras frases trilladas, nuestros líderes tienen muy pocos resultados que mostrar y aún menos responsabilidad para con nosotros, sus jefes. No pueden ser criticados, porque si lo haces, si los molestas o cuestionas sus acciones, te etiquetarán como un patrocinador del odio.

Gracias a todas y cada una de las crisis que aparecen en la sociedad, muchas de las cuales son creadas por u originadas en el propio gobierno, nuestros supuestos líderes pueden adoptar una postura arrogante, de sabelotodos, y decirnos que son los héroes que hemos estado esperando, que tienen nuevos y brillantes planes para salvarnos de todo, inclusive de nosotros mismos, porque ellos saben mejor lo que nos conviene. Nos dicen eso aunque, por ejemplo, nuestro sistema educativo, una de las responsabilidades más grandes que el gobierno tiene y que ha sido uno de sus monopolios desde siempre, le haya fallado a nuestros hijos y les continúe fallando hasta hoy.

¿Por qué está pasando eso? ¿Por qué nuestras escuelas fallan a nuestros hijos? Por supuesto, esa no es una pregunta que nuestros políticos quieran hacer o responder. Les exigiría pensar y dar una respuesta seria. Además, recordemos que están en el bolsillo de los sindicatos, quienes, con sus amenazas de siempre, son dueños de casi cualquier política adoptada por el sistema educativo.

Mientras tanto, actuamos como siervos obedientes del gobierno, en lugar de ser al revés, pagando impuestos para ayudar a mantener el sistema de seguridad social que está en bancarrota y que no importa cuánto paguemos en impuestos, seguirá estando así. La atención médica de calidad nunca fue el objetivo de los políticos que, por mucho tiempo, nos han robado el dinero que tanto nos cuesta ganarnos, para pagar por un sistema cuyo nombre sería más justo si se le reconociera como “insalubridad social”.

El gobierno toma nuestro dinero para subsidiar sus programas sociales fallidos. Pagamos un sistema de pensiones que históricamente nunca nos paga una pensión con la que podamos vivir una vida digna. Con nuestros impuestos, financiamos bancos estatales que no pueden sostenerse ni un mes sin el fruto de nuestro trabajo, y que igual no nos facilita el crédito que necesitamos para realizar nuestros sueños personales o para abrir nuestros negocios y tener independencia financiera.

En lugar de crecer y ser autosuficientes, somos siervos de un sistema que nos dice “salten” y al que respondemos “si señor”, en lugar de preguntar ¿por qué? antes de hacerlo. Seguimos creyendo que el gobierno que tenemos nos engrandece, que es un privilegio poder elegir a nuestros opresores, que lo que nos dicen que es normal es en realidad normal, aunque veamos todos los días en las calles sucias, el crimen organizado que opera libremente, la pobreza extrema, el robo a mano  armada que significa pagar impuestos sin ser debidamente representados y el creciente abuso de poder contra nuestros derechos, que estamos lejos de ser dueños de nuestro propio destino y muy cerca de ser completamente esclavizados por un sistema que no es racista, feminista o machista, sino opresivo y que se mantiene a base de coerción, de brutalidad, y que, ni siquiera con todo ese poder que tiene sobre nosotros, puede cumplir sus promesas vacías de un mejor mañana.

Esa entidad que llamamos gobierno, que supuestamente existe para darnos una mejor vida, para darnos seguridad, ambientes saludables para vivir, salud y orgullo de ser quienes somos, en realidad se alimenta y sobrevive gracias a la interminable tela de dependencia que ha creado para que nunca podamos ser independientes. Somos dependientes porque así lo escoge la mayoría cada 4 años, porque a pesar de todas las quejas que tenemos, la mayoría continúa dando legitimidad al mismo sistema que se alimenta de nuestra eterna dependencia.

Parece descabellado, pero de hecho vivimos en una realidad ilusoria. Está en todos lados. La percibimos al ver la tele, al mirar a través de la ventana. Se siente cuando trabajamos, cuando oramos, cuando pagamos impuestos. Es una realidad ilusoria que se pone al frente de todos para esconder el hecho que somos esclavos del sistema.

Nacemos en esclavitud, dentro de una prisión que no podemos ver ni sentir ni tocar. Es, principalmente, una prisión para nuestra mente que nadie nos la puede describir. Tenemos que verla con nuestros propios ojos. Pero para poder verla tenemos que querer verla.

Desgraciadamente, cada día tenemos menos oportunidades de poder verla y entenderla. La oportunidad de verla, reconocerla y cambiarla se agota, y el sistema cuenta con nuestro conformismo y apatía para que la sigamos ignorando.  Solo así, el sistema puede continuar funcionando como lo ha hecho hasta ahora. Solo así sobrevivirá. No va a cambiar por si solo. No lo va a cambiar otra persona, un presidente o un político. Lo cambiamos entre todos. Pero antes, necesitamos verlo, reconocerlo por lo que es, rechazarlo y substituirlo.

Decidamos.

Todo lo que tenemos que hacer es ponernos de pie y su pequeño juego ha terminado.

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About the author: Luis R. Miranda

Luis R. Miranda is an award-winning journalist and the founder & editor of The Real Agenda News. His career spans over 23 years in every form of news media. He writes about environmentalism, education, technology, science, health, immigration and other current affairs. Luis has worked as on-air talent, news reporter, television producer, and news writer.

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