En el siglo 21 “decir la verdad es un acto criminal”. Esta frase refleja lo que los informantes como Thomas A. Drake, que revelan acciones ilegales cometidas por los gobiernos deben enfrentar.

El Sr. Drake se ha unido el ex fiscal federal Thomas Tamm, el ex funcionario de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) William Binney, el ex contratista Edward Snowden, y varios ex empleados públicos y privados, quienes a pesar de tener todas las probabilidades en contra, decidieron hacer pública la información que revelaron cómo las acciones del gobierno de los Estados Unidos, en combinación con sus aliados, violan derechos universales y constitucionales no solo en suelo estadounidense sino también en el extranjero.

La violación de tales derechos no se limita sólo al pueblo estadounidense, sino a otros ciudadanos del mundo cuyos gobiernos colaboran con la guerra abierta librada por Estados Unidos contra cualquier y todos los individuos. El nuevo mundo en que vivimos es un campo de batalla en el que los gobiernos ven a sus ciudadanos como culpables hasta que se demuestre lo contrario.

Las personas que denuncian los abusos de poder del gobierno son identificados de inmediato como traidores, sospechosos de terrorismo y acusados ​​de crímenes absurdos tales como ayudar al terrorismo o violar leyes de espionaje.

Los crímenes del gobierno contra los derechos universales y constitucionales han sido tan evidentes que inclusive algunos de los más importantes medios de comunicación han sido obligados no sólo a informar sobre ellos, sino también a investigarlos.

Lo que poca gente que ha leído o investigado los abusos de poder de los gobiernos no han sido capaces de discernir es que en el caso del señor Drake, el Sr. Tamm y el Sr. Binney, a pesar de casos graves de intimidación, el gobierno no pudo acusar a ninguno de ellos de ningún crímen.

Los tres hombres cuyos cargos fueron retirados por el gobierno de los Estados Unidos, lograron denunciar las prácticas estatales sin ser acusados haber cometido ningún acto ilegal. Todo lo que hicieron al intentar revelar las prácticas secretas del gobierno estadounidense fue realizado según las leyes existentes.

Más importante aún, las revelaciones que hemos conocido han hecho algo que es mucho más relevante de lo que nadie se imagina: Se nos ha hecho conscientes de que los gobiernos están buscando activamente y aplicando prácticas que abusan indiscriminadamente de personas inocentes y que estas prácticas son justificadas con la misma excusa de siempre: la amenaza del terrorismo.

Cualquiera pensaría que después de haber estado expuestos a la humillación pública, los gobiernos que tratan de prevenir que los informantes hagan públicos los detalles de las violaciones, dejen de hacerlo. Sin embargo, ha sido todo lo contrario. El gobierno de Estados Unidos en particular, así como sus aliados, han sido tan claros como pueden sobre su deseo de perseguir a cualquiera que se atreva a proporcionar al público información sobre sus violaciones a los derechos de los individuos.

Parece que hay dos ideas en las mentes de las personas que trabajan en el gobierno y que tienen la intención de utilizar el poder para violar la ley: Uno, que está bien hacerlo, siempre y cuando no sean descubiertos, y dos , que incluso si son descubiertos, es posible justificar sus violaciones bajo el pretexto de la seguridad nacional.

Por supuesto, estas ideas son destrozadas por el simple conocimiento de dos hechos: En primer lugar, que la violación de los derechos universales y constitucionales no se justifica bajo ninguna circunstancia, y en segundo lugar, que, aunque el objetivo de las violaciones sea para servir un supuesto ‘propósito benigno’, eso no quiere decir que las personas que los cometen son menos culpables debido a su intención.

“Fue en 9/11 que estuve expuesto a la caja de pandora de la ilegalidad y malas acciones del gobierno de una escala muy significativa”, dijo Drake durante una entrevista de televisión.

“Básicamente lo que ocurrió fue que la NSA estaba quedándose ciega y sorda”, explicó Drake cuando se le pidió que hablara sobre el programa multimillonario llamado Trailblazer, el cual fue utilizado por la organización para hacer frente a grandes volúmenes de información y datos que tenía con los que tenía que lidiar en la presente era digital.

Otro programa desarrollado por la NSA fue llamado ThinTread. Se trataba de escuchas telefónicas y el análisis sofisticado de datos. El inicio de este programa precedió los ataques del 11 de setiembre.

Comenzó en la década de 1990. Según informes de prensa, “el programa habría utilizado una técnica de encriptación de privacidad de la información sensible con el fin de cumplir con las preocupaciones legales y habría identificado automáticamente las amenazas potenciales.

Las fuentes de los datos de este programa incluyeron “datos telefónicos, correos electrónicos y datos, pero el alcance de lo que se hizo con esta información no es claro. Sólo una vez se descubrió una amenaza.”

Todo esto y más información se presenta en un documental producido en 2015 titulado Guerra contra los Informantes: Una Prensa Libre y el Estado de Seguridad Nacional. La película producida por Robert Greenwald explora el pasado y el presente de la relación entre los medios y los informantes y cómo los gobiernos reaccionan cuando se ven amenazados por la verdad. El documental puede ser visto abajo.

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