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La clase media: Una especie en peligro de extinción 


Luis R. Miranda
The Real Agenda
Marzo 1, 2011

Cada vez que oiga el término “economía mundial”, este debe ser identificado como la destrucción de la clase media en países desarrollados, y el empeoramiento de las condiciones de vida en los países en desarrollo. Durante las últimas décadas, la economía mundial ha ido de manera lenta pero segura fusionándose y tornándose en un sistema económico global. Desgraciadamente para la clase media, gran parte del mundo no tiene leyes de salario mínimo y protección de los trabajadores que existen en algunos países.

Un modelo económico y social basado en obtener el mayor beneficio corporativo que da trabajo a cada vez menos y esclaviza cada vez más.

Por lo tanto, las gigantescas corporaciones que ahora dominan nuestra economía son capaces de pagar a los trabajadores salarios en otros países es considerado como condiciones para mano de obra esclava y la importación de productos originados en esos países hacia algunas naciones en desarrollo así como las llamadas industrializadas hacen que estas no tengan ninguna oportunidad de competir por esos trabajos y la fabricación de estos productos y bienes. Esto ha dado lugar a un éxodo masivo de empresas, y sus fabricas a países donde sus gobernantes no solo apoyan condiciones de trabajo propias de la esclavitud, sino que también dan incentivos para que las empresas lleguen y ofrezcan salarios miserables creando así las llamadas economías de servicio.

A continuación y ante la falta de un buen empleo, la clase media deja de serlo. La clase media como grupo social se ha devaluado drásticamente debido a la falta de empleo y condiciones laborales beneficiosas. Lo único que la gran mayoría de los estadounidenses tienen que ofrecer en el mercado económico es su trabajo. Hoy día, los miembros de esta clase media deben competir con millones y millones de trabajadores en el otro lado del mundo que trabajan duro durante 15 horas al día pero que obtienen salarios equivalentes a una pequeña fracción de lo que las clases medias en países desarrollados y en desarrollo obtendrían. Este modelo de desarrollo neo-feudal, pero que es identificado por corporatistas como de “libre mercado” hace con que las tasas de desempleo en países de Europa, América y parte de Asia sea increíblemente alta. Hoy, Estados Unidos tiene una tasa de desempleo del 19 por ciento. Sus vecino Canadá también sufre con desempleo sin precedentes, y ni que decir de México, donde a pesar la llegada de varias multinacionales, los salarios y las condiciones de trabajo continúan siendo tercermundistas. Pero esta política de falso “libre mercado” no acaba cuando destruye bloques completos de trabajo de una sociedad sino que continua ejerciendo presión sobre los pocos empleos que restan en los países desarrollados y otros en desarrollo cuyos salarios y condiciones de trabajo continúan deteriorándose.

Así que cuando se escucha el término “globalización” y “economía global”, es importante tener en cuenta que esas son las palabras código que representan la esclavitud de las poblaciones en los países emergentes bajo un sistema económico que está destruyendo la clase media en otros países. Un mercado de trabajo único en el mundo significa que el nivel de vida para las clases medias seguirá cayendo hacia niveles nunca antes vistos, ni siquiera en el tercer mundo.

Es común escuchar como las economías que eran productivas se están transformando en economías de servicio. Sin embargo, nunca o casi nunca se escucha que los trabajos disponibles en las economëas de servicio ofrecen salarios que son substancialmente más bajos a los que se pagan en economías basadas en empleos de manufactura, industria y producción. Entonces, ¿cómo pueden la clases medias sobrevivir en ese entorno? No pueden. Están sujetas a una muerte lenta y dolorosa.

Es fácil encontrar economistas quienes califican a personas preocupadas con buenas condiciones de trabajo, buenos salarios y economías fuertes, basadas en manufactura y producción, como “proteccionistas”, sin embargo estos economistas teóricos nunca hablan de como el uso de tratados de libre comercio, que supuestamente son la bendición para cualquier país, están cargados de impuestos al consumo, valor agregado (20%), cuotas de exportación y políticas de protección de patentes que contribuyen aún más rápidamente a la erosión de tanto las economías en desarrollo como las desarrolladas. Pero cada vez que alguien menciona lo increíblemente injusto y desequilibrado nuestros acuerdos comerciales con otras naciones, son inmediatamente etiquetados como “proteccionistas”.

A pesar de que las consecuencias del mal llamado libre comercio -tanto para países desarrollados como para los probres- son claramente negativas, pocos para no decir nadie esta revisando las políticas adoptadas bajo los convenios de intercambio comercial, que muchas veces inclusive tienen superioridad legal sobre las Constituciones de los países participantes. Como consecuencia de las políticas neoliberales incluidas en estos tratados comerciales, cuando los corporatistas deciden causar crisis económicas, estas tienen aún un mayor alcance, pues las economías están, hoy más que nunca, estrechamente vinculadas.

En realidad la llamada economía mundial, a veces identificada como globalización, es negativa para los países industrializados, y pésima para las naciones emergentes. Como se ha visto claramente, las políticas globalistas han empujado a las naciones y sus clases medias a niveles de vida tan bajos que se pueden identificar como desconocidos.

Los “grandes pensadores” alaban las bellezas del “libre comercio” pero no pueden explicar cómo la clase media alrededor del mundo continua perdiendo puestos de trabajo en la nueva economía global. Mientras tanto, muchos políticos, burócratas y líderes sociales que apoyan ciegamente los tratados de libre comercio, no entienden que al juntar las condiciones de trabajo de una economía basada en manufactura y producción industrial con otra que promueve la esclavitud, se está transformando nuestro estándar de vida, y no para mejorarlo. De hecho, lo que los tratados comerciales -creados en los más altos niveles del corporatismo- tienen como primer y gran objetivo la fusión ambos ambientes para que cada vez más se vea el desempleo y la disminución en la producción como “normal”.

Las consecuencias de la desindustrialización se han visto más agudamente en los países desarrollados, donde ciudades completas se han convertido en zonas fantasma (Detroit, Chicago) usualmente asociadas con países como Haití, Cuba, República Dominicana, Nicaragua y Honduras. En los países en desarrollo, donde los políticos continuan diciendo que los tratados de libre comercio son beneficiosos para sus países, los efectos de estas políticas han sido un poco más tenues, porque para estas naciones los tratados significan, al comienzo, la llegada de productos nunca antes vistos por sus poblaciones -a muy bajos precios-, así como la disponibilidad de unos cuantos empleos considerados por esos mismos políticos como señal de que las políticas neoliberales adoptadas funcionaron. Lo que la mayoría de las personas en estas poblaciones no saben, es que abundancia de productos a precios ridículamente bajos es el primer anzuelo lanzado por los globalista para avanzar sus planes de conquista social y esclavitud perenne.

En Estados Unidos, es visto como una inconveniencia pasajera el hecho que se hayan perdido millones de empleos en menos de una década, o que hayan 43 millones de personas dependientes de dádivas gubernamentales para poder alimentarse. Según políticos como Al Gore y Bill Clinton, quienes sirvieron como vendedores de los tratados de libre comercio firmados por Estados Unidos, las condiciones desfavorables son temporales y muy pronto la economía estadounidense estará mejor que nunca. ¿No es eso lo que se oye de boca de otros presidentes marioneta en América Latina y Europa?

No es esto suficiente prueba para, de una vez por todas, dejar de escuchar a los políticos de siempre, con sus políticas de siempre, que promueven la “economía mundial”?. Ellos están mintiendo. Siempre lo hicieron.

El globalismo es un modelo fantástico para los globalistas que se mantienen en control, no importa quien esté en el poder. De hecho, ellos son quienes deciden quien debe estar en el poder. Es también óptimo para avanzar su agenda de levantar a China por encima de todos los otros países, como ejemplo de una nación “vibrante” que a su parecer se ha convertido en lo que es, gracias a políticas globalistas. Pero es que China es exactamente el experimento creado por los globalistas para ejecutar sus planes de control gubernamental sobre todo aspecto económico y social. China es hoy el más claro modelo del muy alabado -por los globalistas- modelo de sociedad planeada en donde las corporaciones obtienen los mayores beneficios a través de la esclavitud de la población.

Si usted se preocupa por su nivel de vida y el de sus conciudadanos y quiere tener seguridad de que su país tendrá un futuro económico y social promisório, o al menos viable para su familia, es mejor que empiece a prepararse para hacerle frente al globalismo.

Poblaciones hispanohablantes, por favor, despierten.

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About the author: Luis Miranda

Luis R. Miranda is the Founder and Editor-in-Chief at The Real Agenda. His career spans over 19 years and almost every form of news media. He attended Montclair State University's School of Broadcasting and also obtained a Bachelor's Degree in Journalism from Universidad Latina de Costa Rica. Luis speaks English, Spanish Portuguese and Italian.

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