Gobiernos se han escondido detrás de chivos expiatorios y provocadores para realizar ataques terroristas que justifiquen el asesinato de millones de personas. Ese mismo terrorismo patrocinado por el Estado ahora se utiliza para limitar o eliminar por completo las libertades civiles y los derechos constitucionales.

La mayoría del terrorismo es patrocinado por el Estado. Cuando este hecho fue descubierto, los Estados terroristas optaron por hacer dos cosas: una, fabricar amenazas inexistentes para justificar su versión de terrorismo que incluye invadir y bombardear poblaciones. Dos, activar su ala propagandistica — los medios de comunicación tradicionales — para retratar su versión del terrorismo como una acción humanitaria.

El terrorismo patrocinado por el Estado está siempre basado en el dialecto Hegeliano: Problema, Reacción, Solución. El Estado crea un problema, la mayoría de las veces un ataque de falsa bandera, espera a que el público reaccione, y luego ofrece una solución. En la mayoría de los casos, esta llamada solución implica el asesinato de miles o millones de inocentes y la pérdida de la soberanía, los derechos constitucionales y la libertad en el país y en el extranjero.

Quizás la forma más abominable de terrorismo es la que justifica el asesinato de millones de personas como una solución para salvar a otros de amenazas inexistentes, ya que significa que toda la población ha comprado la idea de que una amenaza inexistente es digno de poner fin a la vida de personas que no conocen y por una razón que no entienden. Lo que está en juego en esta situación es el MIEDO. Los Estados utilizan el miedo como su arma para fomentar el apoyo a sus planes diabólicos y para que la  población desprevenida siempre renuncie a sus derechos y libertades a cambio de tener una sensación artificial de seguridad.

El terrorismo de Estado con rostro humano es el más común de todos, y se ha utilizado a lo largo de los siglos XX y XXI para justificar la invasión y el asesinato de personas que tienen creencias religiosas, afiliaciones políticas o preferencias sociales diferentes. El objetivo de los que matan a través del terrorismo patrocinado por el Estado es hacer que la humanidad siga uno ideología política única, una misma fe religiosa y un conjunto específico de reglas sociales cuyo fin es la obediencia inequívoca.

La historia reciente ha sido testigo de muchos casos de “homicidio compasivo” llevado a cabo por ejércitos más poderosos contra poblaciones inofensivas. Estas campañas de asesinato compasivo comienzan mucho antes de que el mundo vea el primer disparo, e involucra muchas tácticas y técnicas que han sido utilizadas por los poderes fácticos durante siglos.

Una de estas tácticas es la creación de conflictos a través del lavado cerebral de la población. Esto se hace para promover el conflicto entre diferentes grupos sociales dentro de un país, o entre las poblaciones de países vecinos. La creación de conflictos generalmente se basa en diferencias religiosas, políticas o sociales, señalando con el dedo a ciertas personas como los culpables del problema.

Una vez que la semilla del conflicto ha sido plantada, se da su debido tiempo para que la cosecha se produzca. Mientras tanto, los Estados que buscan balcanizar otros Estados por lo general ayudan a acelerar el crecimiento de los conflictos a través del financiamiento y la capacitación de diferentes grupos sociales que en última instancia se utilizarán para luchar contra sus propios vecinos, amigos y familiares por una causa que no existe.

En países pobres con poblaciones menos sofisticadas, el terrorismo patrocinado por el Estado es ayudado por la creación de grupos militarizados con la esperanza de que estos provoquen la balcanización por su cuenta. Pero a veces el Estado forma sus propias fuerzas militares para llevar a cabo pequeños ataques contra su propio pueblo.

Los culpables de terrorismo patrocinado por los Estados

Revisemos algunos ejemplos recientes de cómo los Estados instigan disturbios sociales para desestabilizar a una nación hasta el punto de hacerla colapsar.

En 2004, Estados Unidos comenzó el reclutamiento de hombres para formar escuadrones de la muerte en Irak. Este plan se inició bajo la supervisión del embajador estadounidense, John Negroponte, quien fue enviado a la capital iraquí, Bagdad, para supervisar la formación de estos grupos.

Negroponte había servido los intereses estadounidenses en América Central en la década de 1980, cuando los EE.UU. se involucró en el apoyo de la Contra nicaragüense. Negroponte también fue responsable de la supervisión de las acciones de los escuadrones de la muerte hondureños. Los ejemplos de Irak y de América Central más tarde fueron usados para la desestabilización de otras naciones en África del Norte y América Central.

La razón por la cual los países centroamericanos e Iraq son importantes es porque el modelo usado en estos casos fue adoptado más adelante donde los Estados Unidos u otras naciones del G7 tenían algún interés en la creación de agitación política y social y de utilizar dicho malestar como una justificación para llevar a cabo invasiones “humanitarias” y asesinatos en otros países. Por ejemplo, se estima que miles de personas desaparecieron en El Salvador, como resultado de las acciones de los escuadrones de la muerte patrocinados por EE.UU., que también actuaron en Honduras, Nicaragua y Panamá durante los años ochenta y noventa.

No es necesario decir que para los invasores llevar a cabo este tipo de delitos, tuvieron el apoyo o por lo menos la complacencia de los dirigentes políticos locales. En la mayoría de los casos, los políticos son sobornados o comprados y pagados por aquellos que tratan de desestabilizar el país.

El Ejército Libre de Siria (ELS) es otro ejemplo de terrorismo patrocinado por el Estado a nivel local. El ELS ha desempeñado un papel importante en el intento de desestabilizar Siria en el último par de años. El ELS fue entrenado y financiado por los Estados Unidos y sus acciones también fueron apoyadas por mercenarios traídos de países vecinos, así como por contratistas privados pagados tales como Blackwater. El ELS es un ejemplo de cómo Occidente reunió a diferentes grupos terroristas bajo un solo paraguas para luchar contra el gobierno de Assad mientras Estados Unidos y el resto de los países del G7 procuraban derrocar a Bashar al-Assad del poder.

Otro ejemplo de terrorismo de Estado es el caso de El Frente Al Nusra. A pesar de que se presentó primero como un enemigo de Occidente; más específicamente, de los Estados Unidos y sus intereses en el Medio Oriente, los bombardeos y los ataques de Al Nusra “llevan las huellas dactilares de entrenamiento paramilitar, tácticas de terror y de los sistemas de armas estadounidenses”, explica el historiador Michel Chossudovsky. “Las atrocidades cometidas contra civiles por parte de Al Nusra — financiados secretamente por Estados Unidos y la OTAN — son similares a las realizadas por los escuadrones de la muerte patrocinados por EE.UU. en Irak”, explica.

Un ejemplo final antes de pasar a la razón por la cual los Estados crean disturbios que luego son usados para invadir un país y asesinar a su gente, es el caso de la utilización de empresas de seguridad privada para hacer el trabajo que no puede ser realizado por los ejércitos locales o grupos de oposición. Como demuestra la historia, cada gobierno opresor tiene su propia fuerza mercenaria secreta, que muchas veces se compone de hombres y mujeres militares o antiguos militares. Pero cuando esta fuerza mercenaria no es suficiente para llevar a cabo ataques y aterrorizar a una nación, siempre hay un aliado o grupo paramilitar privado que están dispuesto a venderse al mejor postor.

Según Chossudovsky, denominadas empresas de seguridad privada trabajan para la OTAN y el Departamento de Defensa de los Estados Unidos para entrenar a las fuerzas militares y paramilitares en todo tipo de ataques; incluso en el uso de armas químicas. Los gobiernos de países como Qatar, Arabia Saudita, Turquía e Israel también proporcionan tropas, fondos y equipo para entrenar a grupos terroristas llevan a cabo los ataques ellos mismos.

“El secretario de Estado adjunto de Estados Unidos, Jeffrey Feltman, estuvo en contacto con el Ministro de Exteriores Saudí, el príncipe Saud al-Faisal, y el Ministro de Relaciones Exteriores de Qatar, el jeque Hamad bin Jassim. También estuvo a cargo de una oficina con sede en Doha para la “coordinación de seguridad especial” que enfocó su trabajo en Siria, y que incluyó a representantes de las agencias de inteligencia occidentales y del CCG, así como un representante de Libia. El príncipe Bandar bin Sultan, un miembro prominente y controvertido de la inteligencia saudita fue parte de este grupo”, informó Press TV en 2012.

El tipo de terrorismo de Estado llevado a cabo en la mayoría de los casos por las naciones del G7 está apoyado por organizaciones que se suponen deben condenarlo y ayudar a detenerlo. Entre las organizaciones que siempre han tolerado que se practique el terrorismo de Estado está el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que apoya las intervenciones humanitarias falsas bajo la excusa de que las naciones del G7 tienen la responsabilidad de proteger a las poblaciones que son víctimas de sus propios gobiernos. Pero esta preocupación sólo es compartida por la ONU y sus agencias cuando el gobierno envolvido en supuestos abusos de poder es un obstáculo para los intereses de Occidente.

Numerosos atrocidades cometidas por grupos terroristas patrocinados por gobiernos occidentales son entonces atribuidos a los gobiernos no alineados, lo que a su vez se convierte en la “razón” para invadir naciones como Nicaragua, Panamá, Irak, Afganistán, Siria, Libia y otros. Esta es la razón por la cual es necesario crear disturbios en los países pobres o en vías de desarrollo, que en todos los casos termina con la ocupación permanente de fuerzas militares invasoras.

“El objetivo indecible de Washington consiste en romper una nación soberana a lo largo de líneas étnicas y religiosas en varios grupos separados e independientes”, señala Chossudovsky.

Piense en Washington como un gigantesco sistema digestivo al servicio de un gran organismo que utiliza la estrategia de “divide y vencerás” para adquirir cualquier tierra, recurso o lealtad que necesita para promover sus objetivos. Al igual que un cuerpo necesita descomponer los alimentos para absorber sus nutrientes, Estados Unidos actúa como un poderoso sistema digestivo que descompone los Estados-nación para decidir como estas naciones pueden servir mejor al organismo.

Terrorismo Interno

¿Cuántas veces hemos oído que grupos radicales de derecha o de izquierda son ahora la amenaza más peligrosa para nuestra forma de vida y que esos grupos pueden ser identificados debido a su oposición a los secretos, políticas y acciones del Estado? Afortunadamente, una mayoría significativa de la población mundial ya no compra la idea, por lo que el terrorismo patrocinado por el Estado se vio obligado a quedar a la intemperie.

En los Estados Unidos, por ejemplo, el terrorismo patrocinado por el Estado no es llevado a cabo por los Libertarios o los miembros del Tea Party. No importa qué tan radical los medios de comunicación digan que es oponerse a las políticas opresoras del gobierno y, no importa cuánto los medios de comunicación culpen los ataques terroristas de falsa bandera — como el Bombardeo de Boston — en hombres y mujeres que se inclinan por ideales Libertarios. La verdad es que el productor más elegante del terrorismo es el mismo Estado.

Si esto le parece descabellado, por favor lea el último informe publicado por la Coalición Nacional para la Protección de las Libertades Civiles (NCPCF) y el Proyecto Salam. Bajo el título La Guerra Jurídica de la Acción Penal Preventiva, el informe identifica a la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) como el principal productor de intentos de ataques terroristas desde el 11 de setiembre de 2001. Según la investigación publicada por el NCPCF, más del 95 por ciento de todos los presuntos intentos de llevar a cabo un ataque terrorista en territorio de EE.UU. han sido casos de atrapamiento del FBI.

No importa que tan nuevo y revolucionario parezca este informe, el terrorismo patrocinado por el Estado no es nuevo en absoluto. El uso de agentes provocadores o informantes por parte de agencias como el FBI o la CIA es una vieja estrategia del Terrorismo Estatal.

Bajo esta estrategia, se invita a la gente a trabajar como informantes para las agencias gubernamentales en un supuesto esfuerzo para descubrir y detener amenazas terroristas, pero en realidad, muchos de los informantes se convierten en provocadores de terror que se utilizan después como chivos expiatorios y víctimas propiciatorias para realizar ataques de falsa bandera.

Como señala el informe, los reclutas del FBI fomentaron la realización de ataques terroristas, con el patrocinio del propio FBI, principalmente por personas de origen musulmán. En los casos estudiados, revela en el informe, el FBI no sólo animó a los reclutas a participar en ataques terroristas, sino que también proporcionó la capacitación, el equipo y las bombas “falsas” para hacer su trabajo sucio. Los supuestos informantes del FBI trataron de convencer a la gente a participar en complots terroristas.

Como era de esperar, el gobierno de EE.UU. no ve estos intentos de llevar a cabo ataques de falsa bandera contra su propio pueblo como un problema. Los funcionarios del gobierno dicen que el razonamiento detrás de intentar usar musulmanes proviene de la idea de que las personas que son propensos a cometer crímenes no califican como aquellos que pueden ser atrapados en un ataque de falsa bandera instigado por el gobierno.

Bajo esta premisa, el gobierno de EE.UU., o cualquier otro gobierno, podría intentar involucrar a cualquier persona que se crea pueda ser propenso a cometer un delito, a pesar de que no hay pruebas o la probabilidad mínima de que un crimen vaya a suceder. Parece que todo lo que una persona tiene que hacer para ser enmarcado por el gobierno es ser parte de un determinado grupo social o religioso con el fin de ser el objetivo de su gobierno.

Lo que es peor es que los gobiernos pueden y se han escondido detrás de chivos expiatorios para llevar a cabo ataques terroristas reales que luego sirven como pretexto para invadir países, matar a millones de personas, o peor aún, limitar o eliminar por completo las libertades civiles y los derechos constitucionales.

Mientras ocupa Irak y Afganistán, Estados Unidos detiene y mantiene cautivos a miles de hombres, mujeres y niños que se consideran como una amenaza también bajo la premisa de que son propensos a cometer crímenes a causa del color de su piel o creencias religiosas. En el caso del FBI, Estados Unidos persigue a gente inocente como “medida preventiva”, es decir, instiga a alguien a cometer un delito, porque las autoridades creen que esta persona puede cometer un delito similar en el futuro.

Dado que el gobierno no sabe si o cuando alguien podría cometer un crimen, obliga a una personas o a un grupo de personas a la comisión de ese delito para poder detenerlos de manera preventiva. Este pensamiento es el tipo de estrategia utilizada por la policía en el film Minority Report, donde una Unidad de Pre Crímen de la Policía supervisa las acciones de personas para prever la comisión de un acto que se considera ilegal. La diferencia entre Minority Report y el terrorismo instigado por el Estado es que el propio Estado está realmente orquestando la comisión de tal delito.

La pregunta que debe plantearse es, que detiene al Estado, cualquier Estado, para que persiga a miembros de grupos de acuerdo a sus creencias religiosas, políticas o ideológicas? La respuesta desafortunada es nada. La idea de que las agencias policiales pueden obligar a la gente a cometer crímenes para justificar la existencia de un Estado de Seguridad y Vigilancia o atacar a personas que pertenecen a un determinado grupo social, porque sus pensamientos son una amenaza para el Estado, es una realidad espantosa.

No es de extrañar que más gente vea al Estado como la mayor amenaza para su supervivencia.

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