|Thursday, November 21, 2019
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La sociedad está atrapada en un ecosistema hiperconectado 


Somos víctimas cuando la culpa es ambigua. Nos falta experiencia y conocimiento acumulado. La sensación de privacidad e intimidad se ha perdido en las redes sociales.

Se dice que las armas son culpables por los crímenes cometidos por algunos. La intención es desarmar a la población. De la misma forma, las plataformas digitales son acusadas de fomentar la homofobia, el racismo y anti-feminismo para censurar a todos los usuarios.

Es cierto, Internet no representa la realidad, pero también es verdad que si es una realidad cibernética paralela. Las redes sociales son las plazas públicas de hoy donde se discuten los temas de actualidad.

Facebook y Twitter son plataformas usadas para establecer el diálogo, el intercambio de ideas, el debate y no se pueden culpar por el contenido colocado allí por sus usuarios, de la misma manera que no se puede culpar a las armas por los homicidios.

Las plataformas de redes sociales no generan conflictos, algunos usuarios lo hacen. Por esto, no debería ser posible castigar a todos los usuarios creando políticas de discurso políticamente correctas o censurando a aquellos que piensan de una forma o de otra solamente porque algún usuario de las redes sociales ‘ofende’ o divulga ‘noticias falsas’.

Aquellos que se sienten ofendidos por el discurso de otros deben entender que el discurso que los ofende no los define, y que apoyar la censura de algunos porque se sienten ofendidos sólo castiga a los miles de millones que usan internet para discutir, debatir, dialogar y entender.

Implorar la censura del discurso contra personas con quienes no se concuerda es equivalente a construir muros alrededor de una plaza para que nadie pueda entrar para conversar, debatir, criticar y crear ideas.

Lo que los censores dejan muy claro con la intención de silenciar lo que los ofende, lo que, en muchos casos, son posiciones que ellos no entienden, es su incapacidad de analizar, debatir, criticar y tolerar ideas que no son las nuestras.

Deshumanizando el debate

Hoy, las redes sociales son acusadas de deshumanizar a muchos de sus usuarios. Esta manera de pensar es absurda. Es como culpar a las armas por los homicidios.

Según los críticos, es deshumanizador comentar, compartir o clicar ME GUSTA a una entrada en Facebook, Twitter o cualquier otra red social. El argumento es que prestar atención a aquellos que ofenden es legitimar el racismo, la homofobia o la discriminación.

Si adoptamos este razonamiento, queda claro que en el siglo XXI no podríamos hablar, debatir o discordar en parques y, mucho menos, en redes sociales.

Aquellos que promueven políticas pro-censura están pidiendo un código de conducta para Internet.

Los críticos de redes sociales y otras plataformas de Internet reclaman que compartir o comentar en un post, si ese comentario no es políticamente correcto, viola los derechos fundamentales de las personas porque los valores sociales y la privacidad son a menudo subestimados.

¿Será que esto no es bien conocido por los usuarios?

¿Si supiéramos que las personas que se reúnen en un bar o en una plaza son todas feministas o seguidores del Ku Klux Klan, iríamos a ese lugar para tratar de hablar sobre cómo usar el término “masculinidad tóxica” o cómo el racismo afecta a cada uno de nosotros?

Es una decisión nuestra y sabemos lo que podemos esperar si vamos a ese lugar.

Como en el caso de las armas de fuego y de las discusiones públicas, el problema no son las propias plataformas digitales, sino el uso que hacemos de ellas.

¿Cuántas vidas fueron salvadas por un ciudadano armado en oposición al abuso de un loco que intenta matar a personas indefensas? Sin embargo, grupos mayoritariamente de izquierda continúan demandando el desarme masivo de las poblaciones, lo que los dejaría en peor situación ante el crimen organizado, por ejemplo, pues sus miembros no respetan las leyes contra el armamento.

Las redes sociales son fantásticas y el uso inadecuado de ellas por algunas personas no puede ser motivo para castigar a todos.

¿Deberíamos entonces solamente censurar a aquellos que ofenden?

Lo que debemos hacer es dejar claro que hay responsabilidad por lo que decimos en Internet, tanto como existe cuando hablamos en un bar o en un lugar público.

Las redes sociales no son peligrosas para la coexistencia como muchos argumentan. Ciertamente, no son tan peligrosas como la censura porque, en la visión de algunos, el discurso es ofensivo. La censura generalizada, por otro lado, sí que sería realmente peligrosa.

Adoptar la posición de un usuario al pensar que un vídeo o un comentario incita al odio, que su escritor es homofóbico, xenófobo o racista es un tipo de pensamiento de grupo, un tipo de colectivismo al que la sociedad está cómodamente acostumbrada.

Lo que no nos gusta leer, oír o ver en las redes sociales es disputado con argumentos, no con censura.

Se demuestra que el racismo es innecesario con argumentos inteligentes. La homofobia y la xenofobia se refutan con el uso de la razón y la evidencia; no para que los supuestos racistas y homofóbicos concuerden con nuestro punto de vista, sino para que sean expuestos como tales.

El único código de control que siempre funcionó es en bares, plazas y en la privacidad de nuestras casas y que, sin duda, también funciona en plataformas es LA VERDAD.

La verdad no es alternativa o ambigua. El problema del uso de la verdad en las redes sociales es que los usuarios no han sido vacunados contra su propia ingenuidad e ignorancia.

La mayoría de los usuarios entran en redes sociales para hablar sin saber de lo que está hablando y se sienten ofendidos cuando descubren que alguien piensa diferente de ellos. Se dejan definir por lo que alguien dice del grupo al que pertenecen o cuando sienten que sus líderes son insultados.

En Europa, ya hay quien se pregunte si las redes sociales son una amenaza a los derechos humanos.

¿Qué piensa el creador de Internet sobre todo esto?

El científico británico Tim Berners-Lee aprovechó el 30 aniversario de la World Wide Web para reflexionar sobre los éxitos y errores derivados de su invención.

“Aunque Internet ha creado oportunidades, dando voz a grupos marginados y facilitando nuestras vidas, ha creado también oportunidades para golpistas, ha dado voz a aquellos que proclaman el odio y han hecho más fácil cometer todo tipo de crímenes.”

Hay, también, aquellos que, de su púlpito feminista, ya acusan a los hombres de los abusos cometidos en Internet.

Cuando el video sexual de una mujer es distribuido a través de WhatsApp, se discute el abuso de quien lo distribuyó en Internet, pero no se habla del verdadero culpable de la existencia del video: la mujer o el hombre que grabó o dejó alguien grabara tal vídeo.

Y cuando los videos de sexo se graban sin el consentimiento, ¿a quién culpamos?

Aparentemente, es culpa de los hombres también. De acuerdo con Raquel Herrera, supuestamente especialista en comunicación digital, “la arrogancia y la cultura de la exposición es masculina”.

Herrera advierte que “aún hoy en día, en muchas situaciones, se considera que un hombre es un campeón si él tiene muchas mujeres, pero cuando las mujeres tienen muchos hombres, parece ser un crimen”.

Linternas públicas en Internet

Las redes sociales son puntos de convergencia de comportamientos privados y sociales. Para muchos usuarios, hay una apariencia de privacidad pues pueden decir lo que quieren del anonimato de un perfil, que generalmente es falso.

Es de este punto que, a menudo, un individuo es juzgado inmediatamente eliminando matices y contexto.

La existencia de una minoría que transformó esas plataformas en un fin, cuando en realidad son un medio, no puede ser atribuida a todos aquellos que usan las redes sociales como medio de comunicación y debate.

En el mismo momento en que un vídeo llega a Internet o a Facebook, su control se pierde, porque se vuelve viral. Su difusión puede adquirir una dimensión global de la misma manera que el chisme se esparce por la vecindad cuando una mujer soltera queda embarazada o cuando un hombre elige vestirse de mujer por la noche.

La ignorancia por parte de los usuarios es monumental. Tenemos un problema de educación y este problema no será resuelto por medio de la censura. Estamos enfrentando una revolución en la comunicación, un cambio radical.

En 10 años, los usos y las costumbres en línea han cambiado. La sociedad está aprendiendo a usar esas plataformas de la misma manera que las sociedades de los siglos pasados ​​aprendieron a reunirse en plazas y luego en bares, incluso cuando se sabía qué grupos cuyos modos de pensar eran opuestos y, en muchos casos cuando se sabían que algunas creencias eran ofensivas.

La cuestión entonces es: ¿cómo y de dónde la educación debe venir y cómo eso nos ayudará a entender el alcance de las redes sociales?

Debemos educar dentro de la familia para que el uso de redes sociales sea coherente y racional. Es el enfoque más lógico y es lo que ha funcionado durante cientos de años. Sin embargo, el uso de la educación familiar no es visto como una solución.

¿Por qué?

Porque es más fácil imponer a los demás lo que queremos para nosotros mismos. Personas perpetuamente ofendidas y sus líderes quieren cambiar el comportamiento humano por la fuerza. Ellos no perciben, o tal vez sí perciben, que los cambios tecnológicos están avanzando a un ritmo vertiginoso y la sociedad no los asimila a la misma velocidad.

La mayoría de la gente no está calificada para conducir un coche deportivo de la misma manera que no tiene capacidad para usar las redes sociales; herramientas muy poderosas con las que los usuarios no están preparados para usar.

Las redes sociales explotaron en nuestras manos y estamos aprendiendo por intento y error. La dualidad del remitente-receptor de los medios tradicionales ya no funciona. El receptor ya no es un consumidor pasivo de información.

La sociedad está atrapada en un ecosistema hiperconectado, con sus ventajas y desventajas. Nos falta experiencia y conocimiento acumulado. La sensación de privacidad e intimidad se ha perdido en las redes sociales.

Muchos adolescentes se involucran en desafíos violentos, pruebas extravagantes y competiciones ridículas para expandir su lista de seguidores en línea.

En la web, los vídeos circulan donde los jóvenes compiten en juegos salvajes. Una de las últimas modas es sofocar a alguien causando desmayos por asfixia, una atrocidad que coexiste en Internet con otros desafíos absurdos, tales como pasar alcohol en el cuerpo y prenderse  fuego, la automutilación o saltar de un cuarto a otro por los balcones en pisos altos de hoteles.

Es precisamente la falta de preparación y aprendizaje en el uso de las redes que hace a los usuarios altamente manipulables. Somos previsibles porque las empresas nos conocen.

Entregamos nuestra privacidad a Facebook y WhatsApp. Ellos saben todo lo que decimos.

Para mitigar este poder omnipotente, los burócratas de Europa proponen que la burocracia y las empresas de tecnología tengan más poder en la forma de “cooperación”. Esto no es más que compartir poder para controlar lo que los usuarios de Internet dicen. Ellos quieren una especie de asociación entre redes sociales y autoridades públicas como un antídoto a los “venenos del ciberespacio: intolerancia, desinformación, incitación al odio y ataques a la privacidad”.

La falta de educación mezclada con una ignorancia clamorosa y un deseo ilimitado de notoriedad es un cóctel explosivo que alimenta a las redes con informaciones destinadas exclusivamente a vender productos o ganar adeptos a toda costa, incluso cuando el producto que se vende sean los propios usuarios.

La mayoría de los expertos mide cantidad o volumen, pero lo que realmente mejorará el uso de Internet o de las redes sociales, es la Educación. Es necesario priorizar y dar importancia al cualitativo.

Hasta ahora, la “tribu humana” ha sido capaz de educar, pero, por primera vez en la historia, no sabemos educar para el uso de Internet o de las redes sociales.

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About the author: Luis R. Miranda

Luis Miranda is an award-winning journalist and the Founder and Editor of The Real Agenda News. His career spans over 20 years and almost every form of news media. He writes about environmentalism, geopolitics, globalisation, health, corporate control of government, immigration and banking cartels. Luis has worked as a news reporter, On-air personality for Live news programs, script writer, producer and co-producer on broadcast news.

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