|Thursday, December 12, 2019
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La violencia como señal de rebelión social 


Mitologizando y romantizando actos de violencia contra opositores políticos o ideológicos, algo que a menudo hacen los medios de comunicación y expertos, ayuda a las multitudes a asumir identidades colectivas que, aunque son populares, no son virtuosas, pero que cumplen su propósito de “justificar” la comisión de actos atroces.

Un ejemplo de ello es Antifa en los Estados Unidos, pero los movimientos sociales se usan más efectivamente como herramientas para la violencia en América Latina.

Recientemente, la policía federal y el ejército en Bolivia expulsaron a su presidente Evo Morales. Anteriormente, masas de personas se levantaron en Venezuela para denunciar las acciones del ex presidente Hugo Chávez y su protegido, Nicolás Maduro.

En Bolivia, los partidarios y familiares de Morales fueron atacados antes de su renuncia durante el fin de semana. En el caso de Venezuela, el gobierno persiguió a los manifestantes, matando a miles en la carrera para mantener el control del poder después de varios intentos de fuerzas internas y externas para derrocar a Chávez y Maduro.

Un caso separado es Brasil, donde los partidos comunistas y socialistas habían estado en el poder desde el final de la dictadura militar. El gigante sudamericano es un caso separado porque, después de 13 años de una caída cuesta abajo en una depresión económica, fuerzas externas aprovecharon el agotamiento psicológico de las masas para promover la destitución de Dilma Rousseff.

Ahora, después de ser liberado ilegal e inconstitucionalmente de la prisión, el criminal condenado y líder del Partido de los Trabajadores, Lula da Silva se está reagrupando con sus cohortes para lanzar una nueva ola de socialismo en los próximos años.

La herramienta más común para la manipulación social son las revoluciones de color, o COLOR REVOLUTIONS, que son utilizadas por los grupos de poder de la izquierda y la derecha. En la izquierda, los líderes usan sueños falsos y prácticas arrogantes de señalización de virtudes para distraer a la población. En la derecha, conocidos líderes políticos y empresariales señalan a los izquierdistas como una razón para derrotarlos en las urnas o mediante protestas masivas como en el caso de Dilma.

Según lo explicado por el psicólogo social, Aaron Pomerantz, la desindividuación, o el proceso de asumir una identidad colectiva, y de que esta sea adoptada por las multitudes para cometer delitos, es utilizada por grupos de interés de izquierda y derecha para aprovechar situaciones tensas, a veces inherentes a la sociedad, luchas causadas por los grupos de izquierda y derecha, para asumir la propiedad de esos grandes grupos mientras se adhieren a la “moralidad”.

Lo que hace la desindividuación es diluir la culpa de los crímenes presentes y futuros entre los miembros de la multitud para difuminar la responsabilidad de manera inadvertida o explícita. Una vez que la gente muere o se destruye la propiedad, no es culpa de nadie, fue la multitud.

Aunque no se menciona en la cobertura de noticias, la desindividuación está presente durante eventos tales como disturbios y linchamientos públicos llevados a cabo por multitudes enojadas, que en ese aceptan pasiva y complacientemente la violencia como algo natural de las “injusticias”.

Cuando están en su mentalidad tipo mafia, el colectivo e incluso los individuos –miembros o no de las multitudes criminales– ya no ven la quema de propiedades, el robo o la paliza a las personas como delitos. Bajo esta circunstancia, los ancianos, los niños y cualquier persona en el camino del colectivo es un estorbo, porque para ellos los objetivos justifican los medios.

Como señaló Pomerantz, en muchos casos, el villano de la historia es la sociedad, que se ha permitido modelar a semejanza de uno u otro grupo de interés.

Es una práctica recurrente de las masas cuando se levantan para culpar al “gobierno” por un mal estado de cosas, social o económicamente. La mentalidad de la mafia ha estado tan arraigada en sus cerebros que ya no tienen la capacidad de pensar críticamente.

Por ejemplo, es imposible para los manifestantes comprender que la responsabilidad total de las acciones de un político o del gobierno recae en ellos, en la sociedad, porque ellos fueron los que eligieron a ese gobierno.

En palabras de Pomerantz, quien lo expresa mejor de lo que podría explicarlo:

“En la búsqueda de significado en medio de un clima político cada vez más polarizado y hostil, los grupos se unen y eligen a los monstruos. Asesinos en masa como el Che Guevara y Mao Zedong son alabados por muchos en la izquierda, su brutalidad engreída se ignora a favor de las virtudes mitologizadas del socialismo y el comunismo. Mientras tanto, la derecha alaba las mismas ideologías nacionalistas que tan a menudo han llevado a la tragedia en el pasado”.

No es una coincidencia encontrar varios ejemplos de lo que habla Pomerantz en la sociedad actual, tanto en las naciones desarrolladas como en los países del tercer mundo. La desindividuación no es una enfermedad de los pobres o ricos, de los no educados o altamente educados, sino de las sociedades que son extremadamente ignorantes a pesar de su acceso a poca o mucha información.

La única cosa que un actor político o social necesita explotar es la privación social y comunitaria y el resentimiento para producir turbas violentas porque, a pesar de las referencias históricas claras y evidentes, la gente todavía piensa que un hombre o una mujer lo cambiarán todo mágicamente.

El éxito o el fracaso de los actores sociales y / o políticos en la sociedad balcanizada depende de su capacidad de seguir, no de liderar; sentarse con comodidad; no de meditar. La sociedad quiere héroes y villanos que les permitan tener una razón para culpar a los opositores ideológicos por sus aflicciones en lugar de pensar por sí mismos sobre su propio potencial de cambio.

Como se ilustra en la película Joker, la enfermedad que consume en gran medida a la sociedad actual no es la pobreza, la desigualdad o la discriminación. Esos problemas son el resultado de la enfermedad, y la enfermedad misma es la desindividuación grupal.

Hoy en día, las hordas sociales y políticas buscan villanizar a aquellos que no están de acuerdo con ellas, al tiempo que disculpan el comportamiento de las acciones cometidas por turbas fuera de control de las que son miembros activos. Esta situación es un círculo vicioso que continúa alimentando ciclos de violencia masiva y más desindividuación.

La forma de arreglar este carro, cuyas ruedas se caen mientras hablamos, es simplemente pensar críticamente sobre nuestro papel en la familia y la sociedad. Todos podemos ver y reconocer los peligros de la retórica propia o de los grupos que apoyamos y el poder que tiene esta retórica para impulsar la fuerza psicológica a través de multitudes inconscientes y fuera de control.

Si no podemos verlo y reconocerlo, entonces somos los payasos en el circo y la broma está sobre nosotros.

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About the author: Luis R. Miranda

Luis R. Miranda is an award-winning journalist and the founder & editor of The Real Agenda News. His career spans over 23 years in every form of news media. He writes about environmentalism, education, technology, science, health, immigration and other current affairs. Luis has worked as on-air talent, news reporter, television producer, and news writer.

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