|Thursday, December 12, 2019
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Pasivos no financiados: una amenaza más grave que el cambio climático 


¿Dónde está el fondo que contiene el dinero destinado a pensiones y seguridad social? ¿Qué caja de seguridad bancaria contiene todo el efectivo que ingresa en las reservas de los fondos de pensiones o de seguridad social para garantizar la atención medica adecuada?

Estamos al borde de una lucha intergeneracional debido a la miopía política y la complicidad de la población, que votó por esa miopía desde que se creó la seguridad social y el sistema de pensiones.

Recibir beneficios por servicios de seguridad social y / o una pensión cuando el receptor no ha aportado los montos equivalentes y necesarios durante su vida laboral no solo es inmoral sino también irresponsable.

Me explico.

En teoría, tanto la seguridad social como los sistemas de pensiones se financian mediante contribuciones hechas por individuos durante sus años de trabajo. El porcentaje deducido de sus salarios cada mes varía de un país a otro, y también lo es la cantidad que le aporta el Estado.

Debido a la mala gestión y al reducido grupo de contribuyentes que resultó de tasas de natalidad progresivamente más bajas, el fondo de seguridad social, que al principio en realidad tenía efectivo, comenzó a usarse como una alcancía de los gobiernos centrales.

En lugar de ahorrar el dinero para cumplir con sus obligaciones crecientes tanto en la seguridad social como en las pensiones, los gobiernos comenzaron a pedir prestado el dinero aportado por la clase trabajadora para pagar otras obligaciones para las que no tenía fondos. Además, los gobiernos dejaron de agregar las cantidades equivalentes que alguna vez pusieron en el fondo.

En algún momento, todo el dinero que se designó para pagar la seguridad social y las pensiones se agotó cuando el gobierno lo usó para pagar por pasivos no financiados de su propia creación. A cambio de pedir prestado el dinero, el gobierno emitió lo que se llaman bonos del tesoro, que básicamente son una promesa de que cuando llegue el momento, el Estado cubrirá los montos prestados retirados de la seguridad social y los fondos de pensiones.

Lamentablemente, los gobiernos no cumplieron su promesa. A lo largo de las décadas, la seguridad social y los fondos de pensiones se secaron. No se le añadió dinero aportado por la clase trabajadora porque el gobierno continuó prestándoselo mientras usaba bonos del tesoro como promesas de pago.

Una vez que el dinero se secó, sin opciones disponibles para financiar ambos fondos, el gobierno solo tenía dos opciones: aumentar los impuestos sobre una variedad de productos y servicios para poder financiar la seguridad social y las pensiones, o pedir dinero prestado a acreedores internacionales para poder pagar esas pensiones y financiar el sistema de seguridad social.

Dado que los contribuyentes nunca aceptan los aumentos de impuestos, especialmente cuando no se hace nada significativo con esos impuestos al consumo y los servicios gubernamentales, la burocracia decidió pedir prestado a acreedores internacionales. ¿Por qué? Porque al pedir prestado del exterior y, en muchos casos, en moneda extranjera, los funcionarios del gobierno tendrían que explicar menos a sus ciudadanos. Ciertamente no estaban dispuestos a decirle a la gente que las contribuciones a sus fondos de pensiones y la estabilidad de los servicios de seguridad social se habían visto comprometidas por negligencia.

Muchas décadas después, la mayoría de las personas no son conscientes de que las bóvedas del gobierno que supuestamente contienen los ahorros de sus vidas para jubilarse con dignidad no han existido durante décadas. Todavía creen que hay un lugar especial en algún edificio del banco o del gobierno donde se guardan sus contribuciones para que cuando llegue ese glorioso día de jubilación, se les asigne una pensión para vivir por el resto de sus vidas.

También creen que cualquier cantidad que hayan contribuido al sistema para financiar la seguridad social realmente financia los servicios médicos que reciben cada vez que se enferman y van a un centro de salud u hospital local. Sin embargo, en la mayoría de los países, los gobiernos son los mayores deudores de los sistemas de seguridad social, por lo que estos sistemas carecen del personal, el equipo y la capacidad para atender a los enfermos que llegan a clínicas y hospitales todos los días.

Verá, la incapacidad de los hospitales para ayudar a los enfermos o para realizar una cirugía de manera oportuna no se debe a un número creciente de personas enfermas que dicho sistema no puede manejar. Las razones de su falta de eficiencia son la mala gestión, el desperdicio y la falta de fondos para pagar bien a los trabajadores de la salud y equipar adecuadamente los servicios de emergencia.

Las masas desprevenidas no saben que las bóvedas de la seguridad social y de los fondos de pensiones están vacías y que la única garantía de que se les debe pagar una vez que se jubilen, en el caso de las pensiones, y de recibir atención médica cuando se enferman, es un documento, un pagaré que dice que “un día”, el Estado devolverá el dinero a esos fondos.

Por supuesto, la pregunta es, ¿qué ha sucedido desde que se agotaron los fondos en los sistemas de pensiones y seguridad social? ¿Cómo el gobierno hace para pagar las pensiones y financiar el sistema de seguridad social?

Bueno, para empezar, el gobierno nunca pagó ninguna pensión ni financió el sistema de seguridad social; los contribuyentes lo hicieron. Entonces, ¿qué pasó después de que los gobiernos pidieron prestado todo el dinero?

Como ni la seguridad social ni los sistemas de pensiones tenían fondos, los gobiernos han estado hipotecando las vidas de las generaciones presentes y futuras como cebo para atraer a acreedores nacionales e internacionales a financiar sus obligaciones.

Hoy, los gobiernos confían únicamente en la percepción que los acreedores tengan de que un gobierno tiene y tendrá la capacidad matemática de pagar sus deudas cuando piden prestado dinero para financiar sus obligaciones. Como garantía, los gobiernos dicen a los acreedores algo como esto: “Tengo 5 millones de contribuyentes que pagan impuestos de esta y esta forma. Además, tengo 3 millones de trabajadores que pagan impuestos sobre la renta, impuestos de seguridad social cada mes. Además, el gobierno creará estos y estos impuestos para recaudar más dinero para pagar sus obligaciones”.

Si esas promesas de recaudación de impuestos no son suficientes y se insta al gobierno a encontrar dinero en cualquier lugar, la burocracia se arrodilla ante los acreedores y ofrece los recursos naturales y la infraestructura de su país como garantía de pago. Si por casualidad el gobierno es incapaz de cumplir con sus obligaciones con los acreedores, estos tienen el derecho, por contrato, de saquear el país, tomar los recursos naturales, propiedades, edificios, carreteras, etc. Esto es lo que le sucedió a Grecia hace unos años.

¿Qué se puede hacer con las bóvedas de la seguridad social y de los sistemas de pensiones cuyos fondos desaparecieron hace mucho tiempo?

Depende del país y la gravedad de las condiciones.

La sabiduría común diría que antes de que la situación se vuelva insostenible, los gobiernos podrían promover y compensar tasas de natalidad más altas. Créalo o no, y a pesar del alarmismo masivo, una de las razones por las que la seguridad social y los fondos de pensiones están vacíos es que nacen menos personas cada día, año y década, por lo que menos personas contribuyen a los fondos; mientras más personas se jubilan y requieren servicios médicos.

Países como Japón y China, que alguna vez ordenaron una política de un solo hijo, ahora están alentando a las personas a tener al menos dos hijos porque más nacimientos significan más trabajadores futuros que pueden contribuir a la seguridad social y los sistemas de pensiones. Lo mismo han hecho países del norte europeo. Otros países como Canadá ofrecen trabajo, casa y otros beneficios para quienes califiquen para migrar y trabajar con la expectativa de que la población crezca.

La otra opción es una que a nadie le gusta. Es una solución de 3 partes:

1. Aumentar el porcentaje de contribución para la seguridad social y los fondos de pensiones que se toma de los ingresos de las personas todos los meses,
2. Aumentar la edad a la que se jubilan hombres y mujeres para que menos personas se jubilen en el futuro inmediato,
3. Reducir las pensiones de aquellas personas que se jubilaron y que se jubilarán.

Esto es lo que han hecho países como Brasil, cuyo Congreso acaba de aprobar la nueva legislación de Previdencia, como se le llama a las pensiones. Luego, los congresistas pretenden atacar el otro gran desafío, que es el sistema tributario, simplificándolo para estimular la economía y que los contribuyentes se queden con más de su dinero.

Las tres acciones citadas comenzarían a aliviar las arcas de ambos sistemas, pero solo suponiendo que el gobierno suspenderá su práctica de “endeudamiento” a partir del momento en que se apliquen las medidas citadas. De lo contrario, no sería una solución, ya que continuaría sacando las contribuciones para llevárselas al pozo sin fondo mejor conocido como gasto público.

Si los gobiernos dejaran de comerse las contribuciones de la gente y los trabajadores continuaran pagando a ambos sistemas, eventualmente la cantidad de dinero prestado a los acreedores también disminuiría. Ese es un resultado deseable porque muchos gobiernos ni siquiera son capaces de pagar los intereses de los préstamos concedidos por esos acreedores, mucho menos pagar el capital que pidieron prestado al principio.

Una solución más inteligente sería terminar con la seguridad social y los sistemas de fondos de pensiones como los conocemos. Naturalmente, eso no se puede hacerse de inmediato. Pero aquí hay algunos pasos que los gobiernos pueden comenzar a tomar para lograr ese resultado.

Teniendo en cuenta que los gobiernos ya están demasiado endeudados y que dicha deuda seguirá creciendo descontroladamente, una primera medida fuerte sería pagarle a la gente para que abandone el sistema de pensiones. Los gobiernos podrían pagar progresivamente el dinero de la gente ya se ha contribuido, ajustado a la inflación para que puedan invertir ese dinero en fondos privados de pensiones y otros planes para financiar sus necesidades de seguridad social. Nadie más que los propios contribuyentes tendrán poder ese dinero. Sería su responsabilidad velar por ese dinero y qué se hace con él. Los gobiernos no tendrían nada que decir al respecto.

Eventualmente, con el tiempo, los gobiernos estarán completamente separados de la administración del dinero de las personas, la seguridad social y los fondos de pensiones. A medida que la gente se retira los sistemas, los gobiernos centrarían su atención en pagar su deuda con los acreedores extranjeros. Primero, pagarían los intereses de la deuda y luego el capital.

A medida que las personas toman posesión de su dinero y lo guardan en sus bolsillos, cuentas bancarias o fondos de inversión, crearía un fuerte sentido de responsabilidad para ellos. No habrá estado niñera para cuidarlos. Sería un alivio para los burócratas que trabajan en los gobiernos no tener que decidir cómo administrar la seguridad social y los fondos públicos de pensiones –no que tengan la capacidad para hacerlo- ya que la responsabilidad quedaría en manos de cada ciudadano.

Otro aspecto positivo es que, conociendo a los consumidores, mucho de este dinero será gastado y eso activaría la economía los de los países a mediano y largo plazo.

Es difícil ver una solución a la falta de recursos para financiar los sistemas públicos de pensiones y seguridad social, si no se adoptan medidas como estas. Talvez la solución sea una combinación de ambas sugerencias.

Los impuestos recaudados para financiar la seguridad social y la pensiones ya han aumentado drásticamente tanto para los empleadores, como para los trabajadores y las arcas del gobierno. Esto solo va a empeorar. Hay menos trabajadores para financiar un número creciente de jubilados, y las bóvedas están vacías. Hoy, los trabajadores no solo necesitan pagar sus impuestos sobre la renta, la seguridad social y los fondos de pensiones para mantenerse a sí mismos y a sus familias, sino también la seguridad social y pensiones de terceros.

Mientras que muchas personas corren histéricamente en las calles rogando a los políticos que actúen ante la amenaza del cambio climático, muchas personas, jóvenes y mayores, podrían estar exigiendo el mismo tipo de acción, pero para arreglar los sistemas pasivos no financiados.

Al ampliar la elegibilidad y aumentar los beneficios de un sistema de pago por uso mientras que al mismo tiempo se tienen menos hijos para financiarlo, las generaciones anteriores han dejado una temible obligación financiera. O los impuestos aumentarán drásticamente para los trabajadores del mañana, bajando su nivel de vida, o los beneficios bajarán para los jubilados del mañana, bajando su nivel de vida. Un grupo se va a sentir muy enojado.

Estos problemas se previeron incluso cuando los políticos estaban subiendo los pagos, pero cada gobierno electo simplemente pateó la lata y permitió que las cosas continuaran como siempre.

 Los sistemas de seguridad social y los fondos de pensiones son sistemas actuarialmente no financiados. No hay obligación para esta generación de tener hijos al mismo ritmo que las generaciones anteriores. Por lo tanto, cuando los nacidos en los años 1950 alcancen la edad de jubilación en el próximo siglo, sus estipendios se sentirán más como una carga debido a las filas de miembros no activos de la sociedad que dependerán de sus contribuciones para vivir.

Estamos al borde de na lucha intergeneracional y tenemos que agradecer a la miopía política de décadas pasadas por eso.

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About the author: Luis R. Miranda

Luis R. Miranda is an award-winning journalist and the founder & editor of The Real Agenda News. His career spans over 23 years in every form of news media. He writes about environmentalism, education, technology, science, health, immigration and other current affairs. Luis has worked as on-air talent, news reporter, television producer, and news writer.

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