Hay una cosa en la que los líderes de los países más poderosos están de acuerdo: La pobreza y la esclavitud de la humanidad son los objetivos que se desean en el siglo XXI.

Mientras que los más altos representantes políticos se reúnen en la ONU para pedir al público tener unidad, solidaridad e impulsar la justicia social, en privado discuten exactamente lo contrario: Llevar al mundo a la pobreza generalizada y la esclavitud perpetua.

Un ejemplo de esto es la seguridad cibernética. Aunque en público los EE.UU. y China son presuntamente víctimas de ataques cibernéticos, en privado, están de acuerdo con monopolizar y controlar el internet justamente para poder llevar a cabo ataques de ese tipo contra sus adversarios políticos y militares.

En su última reunión en la Casa Blanca, Barack Obama y Xi Jinping han acordado no atacar a sus intereses comerciales en la red, lo que significa una admisión abierta que ambos gobiernos han estado haciendo exactamente eso durante muchos años. Ellos han estado destruyendo el Internet y buscando la manera de convertirlo en un recurso privado, en vez de uno público.

El acuerdo sobre la seguridad cibernética muestra aplaza una de las posibles crisis que amenazaban la relación entre los dos países. Hace unas semanas, la Casa Blanca filtró detalles sobre sus planes para castigar a China por el robo de información personal de millones de empleados del gobierno de los EE.UU..

Los bancos, supermercados y el cinema fueron víctimas de ataques. Las sanciones contenidas en los planes no se materializaron y ahora los dos países trabajarán para convertir el ciberespacio en un entorno controlable con “normas internacionales” en que los gobiernos y los intereses privados que los controlan, dictan lo que las empresas y los individuos pueden y no pueden hacer.

“Hemos afirmado el principio de que los gobiernos no realizan espionaje cibernético contra empresas comerciales comerciales”, dijo Obama en una conferencia de prensa con Xi en la Casa Blanca. Este es el comienzo del acuerdo: el presidente norteamericano no ocultó sus dudas y dijo que Estados Unidos sería verificar que las condiciones negociadas con China se respeten verdaderamente.

Tanto los EE.UU. como China han militarizado el Internet justificando que grupos de hackers han tratado de llevar a cabo ataques contra los intereses comerciales y militares, cuando, de hecho, son los chinos y los estadounidenses los responsables de estos ataques.

El resultado de esta política de militarización de Internet ha sido la captura casi completa de la red por parte de organizaciones no gubernamentales y gubernamentales que trabajan en favor de los intereses privados.

China adopta el fraude Emisiones de Carbono

China, uno de los países que más contaminan el planeta, finalmente se ha puesto del lado de los países desarrollados para establecer su propia política de emisiones.

El anuncio de que China establecerá un sistema para controlar las emisiones y un mercado de créditos de carbono se hizo poco antes de la reunión sobre el clima en París (COP 21), en el que las Naciones Unidas tiene la intención de defraudar a sus miembros para que acepten el plan para la supuesta reducción de las emisiones de CO2 como una medida para detener el calentamiento global.

La lucha contra el calentamiento global es quizás una excepción en la rivalidad entre chinos y estadounidenses. La razón es que ambos gobiernos trabajan para acelerar el advenimiento de un gobierno mundial que estará bajo el control de los intereses globalistas que controlan los líderes políticos de ambas naciones.

La reunión entre los presidentes Barack Obama y Xi Jinping, el viernes en la Casa Blanca lo ha confirmado. El principal resultado concreto es el compromiso de ambos para profundizar la cooperación en este ámbito. Entre las medidas que deberán adoptar están el lanzamiento en 2017 del mayor mercado de comercio de créditos de carbono en todo el mundo.

China, el mayor emisor de CO2 del mundo, pretende ser el mayor comerciante de créditos de carbono, lo que dejará muy atrás -en volumen- el de la Unión Europea, el mayor y más antiguo del planeta. Una vez que esté en pleno funcionamiento, se estima que el sistema cubrirá de dos a tres veces más que el del sistema utilizado en la UE.

Programas como el europeo y el chino imponen límites a las emisiones y establecen una serie de cuotas. Las empresas pueden comprar créditos de carbono a un precio determinado y, si no se utilizan, pueden venderlos a otros.

En esencia, lo que el mercado de carbono hace es crear licencias para contaminar el medio ambiente en lugar de protegerlo. Los permisos se pagan a los globalistas como Al Gore y Bill Gates, que han invertido generosamente en el avance de la agenda de la descarbonización del planeta.

Entre los pocos datos facilitados, Pekín ha confirmado que incluirá sectores como la minería del hierro y el acero, así como el papel, materiales de construcción, productos químicos y generación de energía. Sin embargo, el transporte, uno de los sectores que más contamina el ambiente, ha quedado fuera.

Junto con los EE.UU. y China, el Vaticano es otro jugador importante en el fraude del calentamiento global. Su máximo representante, el Papa Francisco, que estaba de visita en los Estados Unidos, habló en dos ocasiones -en el Congreso y la ONU, y en ambas ocasiones trató de impulsar la adopción de políticas globalistas para controlar el desarrollo, especialmente en el Tercer Mundo.

Más llamadas para de-industrializar el planeta

Mientras que China y los Estados Unidos acuerdan controlar Internet y estafar a las naciones con su fraudulento esquema de emisiones de CO2, y mientras el Papa sirve como el mejor animador de un sistema globalista de deshumanización, el rey de España, Felipe VI, se ha sumado a la lista de hipócritas que piden el fin del desarrollo y de lo que él llamó “excesos”.

Felipe VI, que vive y viaja a expensas de la gente de clase trabajadora de España, ha pedido a la ONU eliminar el modelo de crecimiento actual. En su discurso público, Felipe pidió un desarrollo ‘equitativo’ para los países ricos y pobres. Tenemos que entender que lo que Felipe quiere es vivir en medio de los mayores excesos y la riqueza posible mientras que el 99% de la población vive en la pobreza extrema. Si no fuera así, él y su familia renunciarían a todos los privilegios que tienen.

“Incluso en los países desarrollados, la experiencia de la reciente crisis mundial ha puesto de manifiesto la fragilidad de muchas realidades que consideramos sólidas. Y, sobre todo, nos ha advertido de que nadie es inmune a las debilidades de un modelo de crecimiento que ahora tenemos que corregir y mejorar preservando sus fortalezas y eliminando sus excesos”.

En otras palabras, ahora que las élites poderosas se han asegurado su lugar en el poder, es necesario destruir el modelo de desarrollo que les ha beneficiado durante décadas.

En su discurso, Felipe VI advirtió que el desarrollo “no es, nunca ha sido, un proceso uniforme, y que su alcance no está asegurado” y que “las guerras como la de Siria; los desastres naturales como el terremoto en Nepal; o las epidemias como el Ébola pueden revertir décadas de logros alcanzados por los países en desarrollo y por lo tanto exige nuestra solidaridad y atención sostenida.”

Este es el discurso típico de todos los políticos que llegan al poder para servirse a sí mismos. Desarrollo sólo es bueno, siempre y cuando les beneficie. Reyes, presidentes y primeros ministros no quieren una clase media fuerte, ya que esto representa una amenaza a su poder.

Felipe habló dos veces sobre la equidad. La globalización de las finanzas, dijo, así como la tecnología de la información deben ir acompañadas de la solidaridad y la libertad. “Es esencial para lograr un desarrollo equitativo, disfrutar de derechos reales y eficaces y la igualdad de oportunidades para todos”, dijo, que son necesarios para “crear oportunidades, tanto en la educación -y de ahí el impulso al conocimiento, la innovación y la tecnología-, como la creación de puestos de trabajo, sobre todo el empleo juvenil, un área en la que España es especialmente sensible”.

En esto Felipe se contradice a sí mismo cuando habla de la necesidad de desindustrializar el planeta mientras quiere que haya igualdad, solidaridad y libertad.

La pregunta es, ¿cómo puede haber solidaridad si el 99% de las personas están en camino de convertirse en pobres? ¿Cómo puede haber más libertad si los gobiernos y los tiranos que los controlan no permiten que la gente tenga la libertad de expresión, de movimiento o de culto? ¿Cómo puede haber equidad cuando el 0,1% de la humanidad, a la cual Felipe pertenece, controla más de la mitad de la riqueza del planeta? Sobre la cuestión de la libertad, Felipe no ha hablado acerca de cómo no se puede cuestionar la existencia de la Corona en España, a menos que se quiera pasar unos días en la cárcel.

Los gobiernos están de acuerdo para imponer un orden del día de la esclavitud y subdesarrollo

Con la no consecución de los llamados Objetivos del Milenio, los líderes políticos se reunieron el viernes en Nueva York para promover una agenda que se supone que debe hacer crear un mundo donde hayan menos pobres, menos desigualdad y menos autodestrucción durante los próximos 15 años.

Los jefes de Estado y de Gobierno de más de 190 países aprobaron un programa bajo el nombre de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). El programa establece una serie de retos para 2030 y es la continuación del plan presentado en el año 2000.

En realidad, este plan es un apéndice de la política de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas que tiene como objetivo convertir la Tierra en un planeta prisión.

El llamado programa de desarrollo sostenible va de la mano con las políticas de biodiversidad previamente anunciadas por  la ONU. El único propósito de estas políticas es el empobrecimiento de la población, la reducción radical de la población mundial a través de métodos químicos y biológicos, así como la monopolización de la propiedad privada.

Aunque en público los líderes políticos y religiosos están decididos a hacernos creer que ellos quieren lo mejor para sus pueblos y para el planeta, en privado están de acuerdo en su deseo de llevar a cabo esterilizaciones masivas, la monopolización de los recursos naturales, la balcanización de las poblaciones y obtener el control total del proceso de toma de decisiones.

En su último discurso público, Francisco habló constantemente sobre lo que ha estado ocurriendo por décadas. En la ONU, Francisco dijo:

Un deseo ilimitado egoísta por el poder y la riqueza material conduce tanto al abuso de los recursos materiales disponibles y a excluir a las personas más débiles y menos calificados, ya sea porque tienen diferentes capacidades (o están discapacitados) o porque se les priva de los conocimientos y herramientas y las habilidades técnicas adecuadas o tienen una capacidad insuficiente para participación política. La exclusión económica y social es una negación total de la fraternidad humana y un grave atentado contra los derechos humanos y el medio ambiente. Los más pobres son los que más sufren estos ataques por un motivo triple: son descartados por la sociedad, son obligados a vivir del descarte y ahora sufren las consecuencias del abuso del medio ambiente. Estos fenómenos comprenden la cultura consolidada e inconscientemente generalizada de descarte“.

Por desgracia, al igual que cualquier otro político, el Papa dice una cosa en público y hace otra cosa en privado. Francisco y el Vaticano han sido, por mucho tiempo, cómplices del sistema que ahora denuncia.

Dirigentes políticos que en la ONU han llamado a la igualdad, la solidaridad y la libertad son los mismos que han socavado estos mismos principios durante muchos años. Entonces, ¿Por qué están tan seguros de que ellos son los más adecuados para cambiar esta situación? La respuesta es: No lo están. Ellos no tienen la voluntad, el interés o el deseo de hacerlo. Es por eso que han luchado con éxito para acumular más poder y más riqueza.

Si estos supuestos líderes fueran todo los que ellos dicen que son, ya habrían resuelto muchos de los problemas por los que que culpan a la humanidad. Pero no son los salvadores. Ellos son la raíz del problema.

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