La COP20, patrocinada por las Naciones Unidas y empresas transnacionales, irónicamente tiene la huella de carbono más grande jamás vista.

LIMA Se podría pensar que las negociaciones sobre el Clima que se llevan a cabo en Lima, Perú serían discusiones entre científicos y los responsables políticos, que serían conversaciones sinceras sobre cómo mejorar el uso de energía y reducir significativamente la contaminación del medio ambiente.

Bueno, eso tendrá que ser dejado para otra charla climática, o tal vez otra época de la historia humana.

A pesar de que las grandes petroleras son uno de los grupos que más contamina el planeta – pregunte a Exxon y BP representantes de las más poderosas empresas de energía están y siempre han estado en todas las reuniones del clima desde Río 1992.

Usted probablemente se estará preguntando qué diablos hacen los representantes de la industria más peligrosa del mundo, una que rivaliza con la geoingeniería y los organismos genéticamente modificados, en las negociaciones sobre el clima en Perú.

¿Es posible negociar maneras de tener un planeta más limpio cuando los contaminadores, los que sólo buscan beneficios para sus accionistas y ellos mismos están en la mesa de negociaciones?

Para empezar, estos chicos no están allí para negociar, sino para cuidar de sus intereses.

El petróleo es, y será la principal fuente de energía para las industrias del globo por mucho tiempo, pero estos chicos no deberían estar participando en las discusiones sobre cómo tener un planeta más limpio. Ellos han hecho lo opuesto por muchos años.

Las corporaciones petroleras no están interesadas en un planeta más limpio. Si lo estuvieran, no habrían causado tanto daño al medio ambiente como lo han hecho. Si estuvieran realmente interesadas en un planeta más limpio, estarían invirtiendo tanto dinero en el cuido del planeta como ellos invierten en engañar con falsas campañas ambientales y el financiamiento del falso alarmismo del calentamiento global.

Ahora bien, es importante entender por qué están allí.

La razón es, que las grandes corporaciones petroleras, entre otras, financian el movimiento ambiental. Aquellas personas que piden una reducción significativa de las emisiones de CO2 y que culpan a los seres humanos por el calentamiento global están “en la cama” con BP, Shell, Exxon y Chevron, entre otros. El ecologismo es un gran negocio, y está financiado y dirigido por los jefes de la industria que controlan los monopolios más importantes.

Los comunicados oficiales de las publicaciones del movimiento ecologista afirman que el movimiento surgió de grupos pequeños, preocupados por el ambiente. La verdad, sin embargo, es que las líneas de financiación y política proviene de las instituciones más prestigiosas del Eastern Establishment Liberal, centradas en torno al Council on Foreign Relations de Nueva York, la Comisión Trilateral, el Instituto Aspen, y una serie de fundaciones privadas,” reportan Rogelio A. Maduro y Ralf Schauerhammer en el capítulo 10 de su libro Los Agujeros en la Capa de Ozono: La Evidencia Científica de que el Cielo no se está Cayendo.

¿Sorprendido? No lo esté. Esa es la naturaleza de monopolio corporativo y la burocracia.

Pero hay más. Según los autores, el movimiento ecologista actual, al que millones de personas se suscriben simplemente porque no saben qué más hacer, tiene intenciones muy claras para el presente y el futuro del mundo occidental. Desafortunadamente, esas intenciones no son las mejores para la humanidad. Esta red de fundaciones que apoya el ambientalismo, llevándolo de un movimiento marginal radical a un movimiento masivo para apoyar la institucionalización de la pseudo-ciencia, las políticas del no-crecimiento a todos los niveles de gobierno y la vida pública. Tal y como establece el Council on Foreign Relations en una serie de libros de 1980, el ecologismo ha sido usado contra la economía de Estados Unidos, en contra de tales objetivos como la agricultura de alta tecnología y la industria de la energía nuclear. Este movimiento es fundamentalmente una religión pagana verde en su perspectiva .

Mientras que la gente en las negociaciones sobre el clima en Lima y eventos anteriores patrocinados por las Naciones Unidas han visto, el lema utilizado por el movimiento ambientalista dirigido por las corporaciones salvar la Tierra” mientras se hacen pasar por “organizaciones sin fines de lucro que buscan representar el “interés público”, es todo una farsa.

Todos y cada una de las coaliciones ambientales se compone de miles de pequeños grupos ecologistas, que están directamente o indirectamente financiados por los fondos de la ONU o de las grandes corporaciones. ¿Cómo se las arreglan para recaudar miles de millones de dólares al año en fondos si no fuera por las grandes aportaciones de los intereses corporativos?

Tomemos por ejemplo la Coalición Global Tomorrow, la cual está compuesta por más de 100 grupos ambientales y de control de la población. Ninguno de estos grupos tiene un presupuesto que menor a 3 millones de dólares al año.

La investigación elaborada por Maduro y Schauerhammer, muestra que ya en la década de 1980, 35 fundaciones fueron responsables por grandes inversiones y financiamiento, de las operaciones de dos potentes grupos ambientales: El Fondo de Defensa del Medio Ambiente y el Consejo de Defensa de Recursos Naturales.

En1990, fuentes públicas disponibles muestran que los ingresos totales del movimiento ecologista llegó a más de $ 8,5 mil millones por año. ¿Cuánto cree usted que su presupuesto es hoy?

En pocas palabras, el movimiento ecologista es propiedad de un club de multimillonarios y sus fundaciones libres de impuestos, que, a través de sus contribuciones financieras, controlan el movimiento ambiental a un punto en el que incluso las agencias gubernamentales parecen incapaces de hacer su trabajo de forma independiente.

En el verano de 2014, un informe publicado por el Comité del Senado sobre el Medio Ambiente y Obras Públicas, confirmó la idea de que las organizaciones como el WWF y en gran medida Greenpeace, EarthJustice, la National Wildlife Federation, The Nation Conservancy, la Fundación Sierra Club y la Union of Concerned Scientists, recibieron casi 8 mil millones de dólares de estos grupos.

Mientras que los escépticos del movimiento ecologista son etiquetados comotíteres de las corporaciones de petróleo”, los que están verdaderamente controlados por la industria petrolera, la ONU y las fundaciones exentas de impuestos, llenan sus bolsillos con toneladas de dinero en efectivo. Las acusaciones infundadas puestas en cualquier persona que se opone a la mentira del calentamiento antropogénico no es más que una proyección de su propia codicia.

Mientras que los alarmistas del clima atraen a las grandes masas idiotizadas para que exijan cambios a sus líderes políticos, los ambientalistas reciben sobornos para apoyar el falso lema de “salvar la Tierra”, pero que, cuyo único objetivo es limitar el desarrollo, mantener a la gente pobre en países del tercer mundo y reducir drásticamente la población mundial.

Como Chris Williams, de Climate and Capitalism lo dice, la actual ola de falsos ecologistas son sólo un grupo de grandes estrategas. Ellos son grandes con la ciencia y el arte de usar una fuerza de combate de la mejor manera“, mientras que realizan una campaña a gran escala contra las mismas masas de personas que ellos han engañado para presionar a los líderes políticos para que aprueben leyes que favorecen las grandes corporaciones transnacionales.

Si usted no entendía antes, ahora ya sabes por qué “las grandes petroleras” y otras corporaciones dominantes están en la mesa de negociaciones” en Lima, Perú.

Cada documento firmado en reuniones sobre el clima del pasado tuvo el sello de aprobación de esas corporaciones. Si no hubiera sido así, las políticas no habrían sido aceptadas.

Estas transnacionales son dueñas del movimiento ambientalista.

No hay decisiones que favorezcan al planeta hasta que estas personas sean expulsadas de las negociaciones y esto nunca va a suceder a menos que las organizaciones ambientales, especialmente las más grandes, dejen de aceptar fondos de donantes corporativos y fundaciones filantrópicas de propiedad corporativa.

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