|Tuesday, September 25, 2018
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Es fácil aparentar ser justo cuando se vive en medio de la riqueza 


Pope Francis

Es fácil pedir justicia social, igualdad y reclamar la redistribución de la riqueza mientras se vive en el lujo y la opulencia.

Mientras el mundo intenta mantenerse en equilibrio durante los momentos económicos más duros desde la Gran Depresión de 1929, existen los que creen que la redistribución de la riqueza es una buena manera de acabar con la injusticia social o para dar a los que se consideran dignos lo que supuestamente merecen.

Durante los últimos 100 años, el élite financiera que controla la economía mundial ha tenido éxito en sus planes para robar la riqueza de las naciones de todo el mundo mediante la aplicación de políticas monetarias y fiscales en estos países, lo que facilito el robo “legal” a los ciudadanos de sus salarios y pensiones, o permitió que la élite financiera arrebatase literalmente la riqueza y los recursos que pertenecían a los mismos ciudadanos a hurtadillas y con esto la ayuda de los gobiernos nacionales.

Lejos de condenar tal crimen, y de negarse a enviar más dinero a sus manejadores internacionales, los gobiernos nacionales han aplaudido y han cooperado con el creciente control centralizado internacional.

En lugar de pedir que se investigue quién robó exactamente el futuro de esta y otras generaciones, en lo fue la mayor transferencia de riqueza – de los más pobres a los más ricos – en la historia humana, los gobiernos han permitido que los organismos supranacionales no rindan cuentas por lo que han hecho.

La complicidad de los Burócratas y los Líderes Religiosos

Lamentablemente, lo que se ha hecho con la supuesta remodelación del sistema financiero es codificar los crímenes que la élite financiera ha llevado a cabo con sigilo, dejando a la gente sin esperanza de juzgar a los oligarcas internacionales.

De hecho, la solución sugerida por los criminales financieros fue hacer que la gente soportase duros programas de austeridad implementados por instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), que comúnmente pide a los países prestatarios reducir el gasto social como condición para prestarles billones en moneda fiduciaria.

Un hecho que ha sorprendido a la mayoría de las personas, especialmente a aquellos que han sido más afectados por el colapso financiero en las economías occidentales, es que el gobierno y los funcionarios religiosos han pedido una mayor redistribución de la riqueza a través de la austeridad y los esfuerzos liderados por el gobierno para lograr la llamada justicia social.

Una de las personas más vociferantes en este sentido ha sido el Papa Francisco, que desde su llegada al Vaticano usa todo tipo de improperios para culpar al capitalismo por el estado actual de la economía global.

Los discursos leídos por el Papa Francisco le han valido el título de El Primer Papa de Washington, ya que tanto la Iglesia Católica como el Papa actual jugaron un papel central en la ejecución de golpes militares en América Latina, entre otras cosas.

En lugar de criticar directamente a Wall Street por sus abusos contra el pueblo, el Papa Francisco escogió culpar al capitalismo, al que calificó de maléfico agregando que “algunas personas siguen defendiendo teorías que asumen que el crecimiento económico estimulado por un mercado libre, inevitablemente tiene éxito en el logro de una mayor justicia e inclusión en el mundo. Esta opinión, que nunca ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza cruda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en el funcionamiento del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando“.

Este desliz del Papa Francisco en su crítica del capitalismo y el hecho de que este sistema es la misma cosa que el modelo actual de esclavitud financiera dirigida por las corporaciones, revela su poco conocimiento sobre temas de actualidad. Este hecho se hizo más evidente después de que él pidió la “redistribución legítima” de la riqueza.

El Papa justifica dicho plan, diciendo que ayudaría a frenar la “economía de exclusión”. Francisco no se detuvo allí con sus opiniones imprudentes y llegó a decir que este esfuerzo para redistribuir la riqueza debería ser una “redistribución legítima de beneficios económicos por parte del Estado, así como la indispensable cooperación entre el sector privado y la sociedad civil.”

¿Acaso ha olvidado el Papa el mandato cristiano “No robarás”?

¿Por qué el Papa solamente habla, pero no actúa? No olvidemos que el Vaticano es de hecho una de las instituciones más ricas del mundo.

Es mucho el dinero que pasa por el banco de esta organización religiosa, el cual muchas veces tiene origines dudosos.

En cuanto a la desigualdad, el Papa Francisco dijo: “El desequilibrio es el resultado de las ideologías que defienden la autonomía absoluta del mercado y la especulación financiera.”

Una vez más, el Papa mezcla las manzanas con las naranjas al vincular el libre mercado con el sistema monopolista de los sectores corporativo y financiero, y, al hacerlo, demuestra que no sabe lo suficiente sobre el tema para despotricarse sobre los males que supuestamente existen en un sistema de libre mercado que no se ha visto por al menos un siglo.

Sin duda, los comentarios del Papa son bien intencionados, pero hay una parte de ellos que simplemente no encuadran. De hecho, parecen enormemente hipócritas. Él dijo:

El dinero debe servir, no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres por igual, pero se ve obligado en el nombre de Cristo a recordar a todos que los ricos deben ayudar, respetar y promocionar a los pobres. Os exhorto a una generosa solidaridad con el retorno de la economía y las finanzas a un enfoque ético que favorece a los seres humanos.

En cuanto a este comentario tengo que hacer la misma pregunta que siempre hago cuando el Papa, quienquiera que sea, declara el dinero como un mal y expresa su amor a los pobres, mientras pide solidaridad.

La pregunta es ésta: ¿Por qué, Papa Francisco, no abre usted la bóveda del Vaticano y rescata de inmediato a los pobres de su situación desesperada?

Más que un aliado de los pobres, el Papa Francisco parece y suena como un cómplice de la elite a la que critica, diciendo una cosa, pero haciendo otra totalmente diferente.

No sólo es el Vaticano una de las instituciones más ricas del mundo, sino que también se beneficia de algunos de los esquemas financieros más repugnantes que existen; los mismos que el Papa llama de malvados.

El Vaticano tiene grandes inversiones con los Rothschild de Inglaterra, Francia y Estados Unidos, con el Banco Hambros, con el Credit Suisse en Londres y Zurich. En los Estados Unidos tiene grandes inversiones en el Banco Morgan, Banco Chase- Manhattan, el First National Bank de Nueva York, el Bankers Trust Company, y otros. El Vaticano tiene miles de millones de acciones de las más poderosas corporaciones internacionales, tales como la Gulf Oil, Shell, General Motors, Bethlehem Steel , General Electric, International Business Machine, TWA , etc. En una estimación conservadora, estos ascienden a más de 500 millones de dólares sólo en los EE.UU”, explica NTEB.

En otras palabras, el Vaticano, al igual que los banqueros hacen, se beneficia directamente del dolor y la lucha de los pobres.

El Tesoro de oro sólido del Vaticano ha sido estimado por la Revista Mundial de las Naciones Unidas en varios miles de millones de dólares” dice NTEB.

“Cuando a eso se le añade todos los bienes raíces, propiedades, acciones y participaciones en el extranjero, entonces la asombrosa acumulación de riqueza de la iglesia católica llega a ser tan formidable como para desafiar cualquier evaluación racional “, reporta Avro Manhattan.

El propio Vaticano se ha beneficiado enormemente de la extraordinaria transferencia ilegal de riqueza llevada a cabo por la élite financiera, pero el Papa no pretende explicar eso a sus fieles.

En conclusión, no hay tal cosa de ‘redistribución legítima de la riqueza’. No cuando es realizada por la élite para favorecerse a sí mismos, no cuando es hecha por el gobierno para supuestamente favorecer a los pobres y, ciertamente, no cuando es solicitada por un líder religioso hipócrita que parece y actúa más como un ideólogo marxista que como un líder religioso honesto.

Así que ¿Cuándo será que el Papa Francisco comenzara a vaciar las cuentas bancarias del Vaticano para suministrar algún bienestar a los que le siguen con tanta fidelidad a él y a su organización?

Será entonces y sólo entonces cuando el Papa, cualquier Papa, estará en condiciones de hablar en contra de la acumulación de riqueza y en favor de su redistribución legítima.

About the author: Luis R. Miranda

Luis Miranda is an award-winning journalist and the Founder and Editor of The Real Agenda News. His career spans over 20 years and almost every form of news media. He writes about environmentalism, geopolitics, globalisation, health, corporate control of government, immigration and banking cartels. Luis has worked as a news reporter, On-air personality for Live news programs, script writer, producer and co-producer on broadcast news.

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