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Colectivismo: La Doctrina de los Poderosos 

Por Luis R. Miranda
The Real Agenda
Abril 18, 2010

El individualismo como concepto que define los derechos del individuo como lo más importante no es el tema de este escrito. El Colectivismocolectivismo como la idea de que el bien común es más importante que el del individuo no es el asunto de este ensayo tampoco. El tema es cómo el colectivismo se utiliza para manipular a los individuos y las masas con el fin de lograr el objetivo nefasto de control absoluto.

El colectivismo es la ideología común en los sistemas totalitarios antiguos y modernos de gobierno. El comunismo, el fascismo y el nazismo tienen una serie de características comunes que son las que comandan estos sistemas pero que no se ven debido a las etiquetas utilizadas para enmascarar esas características, es decir el comunismo, el fascismo y el nazismo, por citar algunas. Estos nombres sólo añaden otra capa de niebla a lo que está debajo de ellos, y que es el colectivismo.

En términos generales, el colectivismo es conocido como el concepto que dicta que el bienestar del grupo es más importante que el del individuo y que cualquier individuo en particular puede ser “sacrificado” por el bien del mayor número posible. Esta idea está incrustada en los sistemas educativos que alimentan las mentes de aquellos que caminan a través de estos por casi un tercio de sus vidas. Vivimos en democracias — se nos dice — y, como tal, es completamente normal que el 51% del total gobierne sobre el resto. La idea de una regla como esta, aunque aparentemente normal, no estaba en los planes de muchos de los que vinieron antes que nosotros. Una democracia como forma de gobierno era, de hecho, rechazada por los que fundaron la mayor parte de lo que hoy es el mundo occidental semi libre.

El colectivismo ha sido y es utilizado por los demagogos y las corporaciones que los apoyan para tomar ventaja de comportamientos y formas de pensar mafiosas de la sociedad, con el fin de perseguir y alcanzar objetivos muy concretos. Es por eso que un documento llamado La Constitución fue escrito en la mayoría de países de todo el mundo. Las Constituciones y todos los derechos y deberes que conllevan, se han creado para limitar los abusos que los fundadores del mundo semi libre correctamente previeron que se producirían en una sociedad como la actual.

Uno de los dichos más famosos que los demagogos utilizan para manipular a las masas es el siguiente: “Estamos haciendo esto por el bien de todos.” Lo que es más asombroso que esta frase, es escuchar a personas que la utilizando, al describir o justificar acciones colectivistas
– muchos de ellos sin saber siquiera lo que significa. Este lavado de cerebro en masa es parte de la visión colectivista manipuladora, para hacer que la gente piense como los demagogos sin saberlo. Otro dictado popular es: “Hacemos lo que está en el mejor interés de la gente”. Cada vez que el demagogo utiliza frases como ésta, la gente no puede dejar de asentir con la cabeza en aceptación.

La ironía de esta forma de pensar es que el demagogo, el líder o el jefe de la Democracia es el que al final puede decidir lo que se hace. Por ejemplo, se decide que no habrá atención médica a las personas que tienen 70 años o más, porque es por el bien de todos. El líder o demagogo se alió con sus fervientes seguidores para promover la idea y la vende a las masas, que rápidamente la aceptan como evidente. Ellos, por supuesto, olvidan que llegará un momento en que ellos mismos tendrán 70 años de edad.

Pero si un grupo está compuesto por individuos, de dónde salio la palabra ‘grupo’ o su similar ‘colectivo’? ¿De dónde viene la palabra bosque? ¿Puede existir el grupo sin los individuos? ¿Puede existir el bosque sin árboles? Tanto la palabra ‘grupo’ como ‘colectivo’ o ‘bosque’ son creaciones imaginarias. No puedo ver el bosque, pero puedo ver los árboles. ¿Puede alguien ver el grupo? La abstracción de un grupo es lo que el colectivismo como una ideología usa para sacrificar la unidad más importante de ese supuesto grupo, o sea el individuo. Al final, sin embargo, el grupo abstracto es también sacrificado. La diferencia es que este proceso de sacrificio se lleva a cabo un individuo a la vez, en lugar de ser hecho en masa. La razón por la cual esto es hecho así, es porque los demagogos y sus aliados señores feudales necesitan de las olas de colectivistas para mantener su reino. Pero preguntémonos ¿qué pasará cuando en un futuro muy cercano ellos ya no necesiten esa ayuda?

Aunque tanto los colectivistas — no los demagogos o señores feudales — como los individualistas tratan de obtener lo mejor para ellos: la salud, paz, seguridad, justicia; la diferencia radica en la forma en que estos objetivos son alcanzados. Los colectivistas dicen “nosotros usamos la fuerza si es necesario”, no siempre la fuerza física, sino la coacción, por ejemplo. Su pensamiento es casi siempre: “Somos inteligentes. Esa gente tonta por ahí no lo son; y por su propio bienestar, estamos obligados a gobernar sobre ellos.” Esto es lo que piensan los neoconservadores: “La democracia nos ha servido bien, por lo tanto tenemos que imponerla en todo el mundo a toda costa”. A continuación, se aprueba una ley o un decreto presidencial y, de repente, la gente se despierta desnuda sin saber por qué.

Tomemos por ejemplo los pagos a un sistema de seguridad social. En muchos países la gente está obligada a contribuir a un fondo de seguridad social a fin de financiar un programa que supuestamente ofrece atención de salud a los que no tienen los medios para pagarlo. No hace falta describir lo que sucede después, cuando es evidente que los sistemas actuales de seguridad social están totalmente en quiebra y son incapaces de proveer a la gente la atención necesaria, ni siquiera cuando están bien financiados. Lo que se promueve y se facilita es un plan de salud basado en la idea de que los productos farmacéuticos sintéticos son los medios para tratar y curar la enfermedad. Pero si se pregunta a la gente en la calle al respecto, la mayoría de ellos estarían de acuerdo en que es una gran idea obligar al público a dar una porción de sus ingresos para financiar la seguridad social, asistencia sanitaria, los fondos de pensiones, etc.

La diferencia entonces entre los colectivistas y los enfoques individualistas es que los individualistas utilizan otros métodos para reunir o atraer a las personas al tratar de alcanzar una meta. En lugar de la coerción, la persuasión se utiliza. El primer signo de una mente colectivista, o uno que aboga por el colectivismo, es el pensamiento que tiene que haber una ley para todo. Tiene que haber una ley para las personas tontas que no llevan cinturón de seguridad, tiene que haber una ley para aquellos que fuman en sus autos, tiene que haber una ley para aquellos que critican al gobierno, y así sucesivamente. El individualista en su lugar, cree en la libertad de elección. ¿Está mal el humo? ¿Quién soy yo para decidir por los demás? Yo, por supuesto, soy libre de tener mi opinión y de expresarla, pero un individualista no prospera en forzar a la gente a hacer lo que él piensa que es mejor.

Ahora, ¿qué sucede cuando no hay límites a esta visión del mundo donde ‘yo se más y mejor, y por lo tanto hago lo que quiera por el bien de todos? Pensemos en otros ejemplos. ¿Quién podría estar en contra de preservar los bosques — grupo de árboles –, mantener lagos y ríos libres de contaminantes, preservar todas las formas de vida, mantener un sistema económica y financiera sano? Nadie, ¿verdad? Digamos que en teoría se pasa una ley que dice que la tierra no puede ser utilizada para la agricultura o la ganadería debido a que es en el mejor interés de las masas conservar la tierra y los árboles. Es por el bien de todos, ¿no? Bueno, ¿A quién beneficia mantener un grupo de árboles si falta la comida para alimentar a las masas que se supone estamos beneficiando? ¿Qué tal si teóricamente se pasa una ley que prohíba la emisión de CO2, ya que es un contaminante, a pesar de que todos estamos hechos de carbono y las plantas y árboles, incluyendo los que utilizamos para alimentarnos, necesitan de CO2 para vivir? Es razonable, ¿no? Digamos que como una forma de mantener un sistema económico y financiero sanos escribimos un decreto presidencial que permite al gobierno cobrar impuestos al pueblo con el fin de financiar sus interminables políticas de gasto. En el proceso permitimos a una entidad privada crear dinero de la nada y cobrar 30% de interés sobre los préstamos de la moneda. ¿Suena familiar?

Alguien tiene que pagar por las carreteras y parques y la seguridad, ¿no? Sin embargo, vemos una infraestructura en rápida degradación, los gobiernos al borde del precipicio debido a su deuda pendiente y la mayor ola de criminalidad e impunidad en el gobierno y en la calle. Pero está bien, porque es para el bien de todos, ¿verdad? ¿No es en el mejor interés de todos cobrar un impuesto para financiar las escuelas públicas? Por supuesto, la mayoría de la gente inmediatamente dice, sin saber que sus propios hijos están siendo adoctrinados a través de este sistema colectivista de escuelas públicas. Y si alguien no quiere “educar” a sus hijos en el sistema público colectivista, hay leyes creadas para castigar a los padres que decidieron que es mejor para sus hijos ser educados en casa. Hay leyes que cumplir y dineros que cobrar. Hay muy poco o ningún espacio en la forma actual de gobierno para el cumplimiento voluntario, pues las leyes se imponen con la violencia legalizada por parte del gobierno. ¿Qué podría ser más violento arrebatar los niños de alguien debido a la “revolucionaria” idea de educarlos en casa? Sin duda, las escuelas los conocen mejor que los padres y por lo tanto es necesario enviarlos allí! Muchos sin duda pensarán que es necesario dejar a los niños en algún lugar mientras ambos padres de familia trabajan para mantener la familia. “No puedo cuidarlos. Debo trabajar para traer a casa el sustento”. ¿Porqué será que cada vez más padres no pueden pasar tiempo con sus hijos? Talvés porque ha sido diseñado así para destruir la unidad más básica de esa sociedad que los demagogos y sus seguidores juran defender a toda costa: La Familia.

Colectivismo, como es utilizado por los demagogos y empresas que apoyan la falsedad de que el gobierno, especialmente el gobierno grande es la solución a todos los problemas, que es tan constructivo y lo miramos como guía y salvación, es la cortina de humo, es el cebo que la gente ignorante muerde como el pescado más distraído y que con el tiempo nos hace perecer a través de nuestras propias bocas. La forma colectivista de pensar es lo que permitió a socialistas, comunistas y los gobiernos fascistas aparecer y prosperar, y en el proceso, los derechos y la humanidad de la gente es arrancada.

La ideología del colectivismo encuentra prosperidad en la creación de razones para su existencia y lo que hace. Ahí es donde viene la ingeniería social modelando la propia existencia de todo ser humano para convertirse en uno dependiente. Junto con ello, viene la ingeniería de la opinión pública, que es el método utilizado para justificar la actuación de los colectivistas, y allí es cuando oímos, ‘esto es para el bien de todos’ o ‘es en el mejor interés del pueblo’. Aunque a veces se piensa que un país que no tiene personas con sentido crítico es un terreno fértil para el Colectivismo, la verdad es que un lugar sin hombres y mujeres pensantes es una consecuencia directa del colectivismo, y no un estado anterior. El origen del colectivismo se encuentra antes, cuando la gente deja de poner atención y empieza a centrarse en “el gran objetivo” olvidándose que un concepto tan abstracto no podría existir si no fuera por ellos como individuos. Se llega a un punto cuando las personas piensan que efectivamente son prescindibles y que su sacrificio ayudará a la mayor cantidad de personas.

Colectivismo trabaja hoy en la premisa de que hay un tipo allá arriba que está a cargo de todo — un presidente o primer ministro — y por lo tanto todo está bien. También funciona tan bien, porque la gente está acostumbrada a que otros tomen decisiones por ellos. De hecho, mucha gente no podría sobrevivir si dependiera de sí mismos para tomar sus propias decisiones sobre asuntos como la salud, economía, política y otros. Esta dependencia fue creada por las mentes colectivistas que guían al sistema a través de las diferentes etapas de la vida. Así que el problema no necesariamente se encuentra en el hombre allá arriba — que todos sabemos es una marioneta — pero en la conciencia individual. No es una cuestión de un buen o un mal hombre, sino de un sistema que debe establecer límites a los que tratan de convertirse en gobernantes y no en funcionarios.

Como se dijo antes, la gente es adoctrinada desde una edad muy joven para dar la bienvenida y aceptar el colectivismo, y con ella el gobierno colectivista; su creador. A su vez, un gobierno que crea y mantiene el control a través del propio sistema educativo garantiza una continua aceptación de la ideología por varias generaciones. Se necesita mucha reflexión, pensamiento crítico, lectura y estudio de la historia — la historia real — para liberarse de la idea con que nos encajan desde el momento en que nacemos. El despertar a esta realidad, sin despertar a los otros — permitiendo así que los colectivistas mantengan el control — es un ejemplo de cómo se es cómplice del sistema. Si por el contrario difundimos el conocimiento de esta realidad, y ayudamos a familiares y amigos a ver a través de la cortina de humo — democracia, socialismo, comunismo, fascismo — llegará un momento en que los colectivistas estarán tan a la intemperie, y tantas personas habrán tomado posesión de sus propias vidas, que el sistema simplemente colapsará.

About the author:

Luis Miranda is the Founder and Editor-in-Chief at The Real Agenda. His career spans over 17 years and almost every form of news media. He attended Montclair State University's School of Broadcasting and also obtained a Bachelor's Degree in Journalism from Universidad Latina de Costa Rica. Luis speaks English, Spanish Portuguese and Italian.

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