Usted se sorprenderá al saber que hay poca diferencia entre ser humano y ser un cyborg. De hecho, desde muy joven, los seres humanos ya son transformados en algo más que un ser de carne y hueso.

Aparentemente, un cyborg es un humano que ha sido sometido a la intrusión de cualquier cuerpo extraño.

Un ejemplo de esto es la vacunación.

Después de ser inyectados, los seres humanos son portadores de viruses atenuados y la mayoría de las veces, virus vivos que –aunque nunca se ha probado científicamente– pretenden ayudar al cuerpo humano a crear una resistencia o inmunidad contra la enfermedad.

Ahora sabemos que las vacunas en realidad perjudican el sistema inmunológico humano, ya que impiden que desarrolle tal resistencia o inmunidad de forma natural.

Después de las vacunas llegaron los microchips implantables, que más y más personas están adoptando por conveniencia.

Abrir una puerta, por ejemplo, es mucho más conveniente, los partidarios de chips argumentan, porque las personas no tienen que llevar una llave en sus bolsillos. Es simplemente una cuestión de pasar su mano delante de un lector de radiofrecuencia que reconoce el chip implantado.

Otro ejemplo es realizar compras. El chip implantable es vinculado a la información financiera de un usuario, lo que le permite pagar en cualquier tienda pasando su mano al frente de un escáner de radiofrecuencia.

Mascotas, pasaportes e incluso tarjetas de crédito están equipadas con chips que están vinculados al nombre de una persona, su dirección, información de cuenta bancaria, trabajo, seguro social, fondo de pensiones, etcétera.

Dejando a un lado las preocupaciones de privacidad, que muchas personas parecen olvidar a pesar de los peligros muy reales de ser hackeado con lectores RFID que cualquier persona puede comprar, la mayoría de personas que favorecen los microchips implantables como la próxima gran moda se están convirtiendo en objetos de la tecnología de la misma manera en que los usuarios de teléfonos celulares lo hicieron en los años 80 y 90. De hecho, los microchips implantables son el siguiente paso después de los teléfonos celulares.

Otra forma en que los microchips son comúnmente vendidos es en el campo de la medicina. Los chips son vendidos a menudo como grandes formas de administrar fármacos en el cuerpo.

Los chips se pueden controlar de forma remota desde fuera del cuerpo humano para liberar una dosis del medicamento que un paciente puede necesitar en el momento que él o ella necesita. Suena conveniente, ¿no?

“Las tecnologías implantables son las tecnologías del futuro”, dice Hannes Sjoblad, quien promueve la tecnología de chip implantable mientras viaja por toda Europa y los Estados Unidos para mostrar a la gente lo fácil y sencillo que es “ser parte del futuro ahora”.

Sjoblad dice que la implantación de un chip es más útil que llevar las llaves y otras cosas que la gente por lo general olvida y pierden. “Este implante nunca lo perderé”, dice.

Para la mayoría de la gente, la implantación de un chip será útil para desbloquear su coche o activar sus teléfonos, pero para las empresas que producen los chips y los que van a tener la capacidad de rastrear y hackear los chips implantados bajo la piel de la gente, será todo sobre control.

Si ahora los hackers son capaces de romper el código para entrar en el computador de un coche para detenerlo, acelerarlo e incluso conducir el vehículo, es imposible imaginar lo que pueden hacer hackers maliciosos con los chips implantados en humanos.

Algunos médicos e investigadores médicos ya están salivando ante la posibilidad de implantar chips con RFID en los cerebros humanos. De hecho, muchas personas argumentan que este tipo de experimentos ya se han realizado.

La pregunta es, ¿hasta dónde llegarán las personas en su búsqueda por comodidad y conveniencia cuando no tienen ningún conocimiento de las consecuencias de tener sus cuerpos hackeado después de implantarse un chip bajo su piel?

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