La pobreza, el hambre y la inestabilidad no son consecuencias de un mundo polarizado, sino el resultado de las políticas aplicadas por los industriales y banqueros para obligar a los pobres a vivir en la miseria.

Es más barato erradicar la pobreza y la miseria que mantenerla. Esta realidad es bien conocida. Sin embargo, año tras año, los “gobernadores” del sindicato financiero internacional se niegan a poner fin a la pobreza endémica en todo el mundo, a pesar de tener las herramientas y los conocimientos necesarios para hacerlo.

¿Por qué?

Mientras que todo el mundo ingenuamente espera que nuevas, creativas e innovadoras maneras de resolver la pobreza salgan de reuniones como Davos y el Grupo Bilderberg, es muy difícil suponer cómo los “gobernadores” harían eso.

La reunión en Bretton Woods en 1944 permitió que 730 delegados de los 44 países aliados planificaran su visión del mundo futuro.

Losgobernadoresdispusieron muy claramente el tipo de progreso y en ocasiones la falta del mismo, que habría durante la mayor parte de los siglos 20 y 21.

Ellos crearon el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en 1945, que siguen siendo hoy los entes de las Naciones Unidas que deciden la política monetaria mundial y las organizaciones financieras que controlan el desarrollo en todo el mundo, pero con más intensidad en el llamado mundo en desarrollo, que por cierto no ha salido de su retraso desde que se aprobó la creación de las instituciones de Bretton Woods.

Este sistema de gobernanza global se ha negado a frenar la pobreza y la miseria o simplemente fue diseñado para mantener la riqueza concentrada en pocas manos, que es lo que ha logrado hacer hasta ahora. En este contexto, pueden los “gobernadores” de las instituciones de Bretton Woods, que han arrastran el mundo hacia el peñasco donde está hoy resolver la actual crisis mundial?

El argumento presentado por los que piensan que es posible resolver el problema de la pobreza es muy simple y se puede resumir en una palabra: productividad.

La historia es el mejor testimonio de que mientras el mundo era un lugar productivo y mientras que los industriales actuaban en un modo controlado, la economía global fue la más justa para la mayoría. No era un sistema perfecto, por supuesto, pero fue el momento en el que la mayor ola de progreso levantó las mayoría de los barcos.

Sin embargo, una vez que las fuerzas enlazadas en las manos de los “gobernadores” crecieron fuera de control, la productividad declinó para dar paso al capitalismo monopolista, la concentración de la riqueza y la explotación de los recursos naturales más allá de cualquier límite.

Hoy en día, como resultado de una corporativización del panorama económico y financiero fuera de control, el uno por ciento de las personas que viven en el planeta Tierra concentra la mitad de la riqueza del mundo en sus bolsillos.

Lo que mucha gente no entiende es que la instalación de las instituciones de Bretton Woods fue un intento directo para controlar, no para ayudar al desarrollo. Todas y todos los ejemplos de los avances registrados desde la Segunda Guerra Mundial fueron planeados cuidadosamente.

Después de haber acumulado una gran cantidad de riqueza, los propietarios de la industria y la banca comenzaron a hacer lo que todos hemos visto con más frecuencia desde el comienzo del decenio de 1990 y hasta ahora. Los órganos políticos y los intereses privados han trabajado sistemáticamente para transferir la mayor cantidad de riqueza y poder en menos manos.

Este es el verdadero propósito de las instituciones de Bretton Woods y la voluntad efectiva prevista por sus creadores.

Al promover el desarrollo en algunos de sus estados miembros, mientras que limitaban y controlaban el progreso en el mundo en desarrollo, donde se habían ofrecido para “ayudar”, los “gobernadores” garantizaron que tendrían mano de obra barata e ilimitada, para no decir gratis y además que tendrían acceso a los recursos naturales que se utilizan para desarrollar la infraestructura y la tecnología que se concentró aún más en sus manos.

Aunque la productividad era la madre de todos los progresos, los industriales y banqueros sólo la usaron durante el tiempo que fue positivo para ellos y ni un minuto más. En el momento en que la productividad parecía estar proporcionando más riqueza y poder a los que estaban fuera de su círculo, los “gobernadores” volvieron sus ojos hacia el monopolio.

Llevaron a cabo los monopolios a través de dos prácticas principales. En primer lugar, el llamado libre comercio para implementar aún más controles sobre la producción, el trabajo, los salarios, los mercados, las ventas y las ganancias. Bajo estos programas, puestos de trabajo, ahorros y la propiedad privada han desaparecido. En segundo lugar, se embarcaron en una conquista política que llamaba a la unificación de las burocracias y áreas geográficas existentes, así como la creación de otras nuevas que no respondían a ninguna soberanía nacional.

De acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, la inversión de un dólar estadounidense en programas para mejorar la desnutrición infantil trae beneficios iguales a una inversión de 45 dólares. Así que ¿por qué el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y las Naciones Unidas en sí no lograron acabar con la pobreza?

Una de las razones es que la pobreza es un arma de control, que, como se mencionó anteriormente, se ha utilizado siempre para controlar el desarrollo de las regiones del tercer mundo del planeta. Ayuda financiera y negociaciones de deuda, por ejemplo, han sido condicionados a la adopción de políticas de austeridad y programas de ajuste estructural que promovieron y promueven aún más la pobreza.

El crecimiento de la pobreza y la miseria en el mundo es política y no un accidente o un signo de incapacidad burocrática. Los países en desarrollo son maniatados, con la complicidad de sus gobernantes, para que se mantengan pobres y para que asuman la responsabilidad de pagar deudas astronómicas que literalmente embargan las vidas de niños y niñas que ni siquiera han nacido.

Una investigación publicada por The Lancet” concluye que las poblaciones de los países en desarrollo pueden obtener hasta un 46% más de ingresos a lo largo de su vida si reciben una nutrición adecuada durante los dos primeros años de su vida.

Aunque la promoción de políticas para acabar con el hambre es un objetivo de todos los líderes políticos y filántropos, está claro que ni los políticos ni los filántropos piensan que es una buena idea aumentar la productividad y erradicar la pobreza con el fin de acabar con el hambre y la desnutrición.

Como se ha señalado antes, la productividad, que es en sí misma un generador de empleo, ingresos y en consecuencia mejores condiciones de vida para el mayor número de personas, ya no es un objetivo para los “gobernadores”.

Expertos en la materia, tales como Horton y Hoddinott demostraron la tesis de que la productividad es compatible con el nacimiento de mejores condiciones de vida. Un estudio realizado en Guatemala en 1969 comparó la evolución de dos grupos de niños de edad preescolar: algunos fueron alimentados correctamente y otros siguieron su dieta habitual. Treinta y cinco años más tarde se encontró que los que recibieron una nutrición adecuada pasaron más años en la escuela y encontraron un mejor desarrollo cognitivo que otros. También consiguieron buenos empleos, mejores salarios y el consumo de los hogares registró un aumento del 66%.

A pesar de que estudios como los realizados por Horton y Hoddinott ejemplifican claramente cómo la productividad promueve el mejoramiento de la humanidad, no es de esperar que los participantes en la reunión de Davos nos lo digan o actúen sobre esta realidad. Lo único de lo que quieren hablar es de cómo las vacunas, la apropiación de tierras por parte de la ONU, la concentración del poder y la riqueza en pocas manos son la salvación para todos nosotros, a pesar de que las vacunas, el poder político y económico y la confiscación ilegal de propiedad no tienen nada que ver con la salud, la nutrición, la productividad o el progreso de la humanidad.

Como Oxfam ha informado, la desigualdad, consecuencia de las políticas económicas y políticas adoptadas desde el inicio de Bretton Woods, es directamente responsable de la pobreza, poco o ningún crecimiento económico, las poblaciones infelices, la erosión la gobernabilidad nacional y la democracia y el fín del potencial humano. Todas estas realidades son ciertas hoy.

¿Pueden los “gobernadores globales”, los padres de las instituciones de Bretton Woods que arrastraron al mundo al agujero en que está hoy resolver los problemas que han causado a propósito? Probablemente no. No pueden porque significaría remontarse a una realidad que vimos hace muchos años, cuando tenían menos control de los asuntos mundiales. También significa que tendrían que devolver riqueza y el poder a sus dueños. No pueden. No quieren.

Luis Miranda es un periodista galardonado y el fundador y editor en jefe de The Real Agenda News. Su carrera abarca más de 18 años y casi todas las formas de medios de comunicación. Sus artículos incluyen temas como el ecologismo, la Agenda 21, el cambio climático, la geopolítica, la globalización, la salud, las vacunas, la seguridad alimentaria, el control corporativo de los gobiernos, inmigración y los carteles bancarios, entre otros. Luis ha trabajado como reportero de noticias y presentador para programas de noticias en vivo. También ha trabajado como guionista, productor y co-productor de noticias.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You May Also Like

The TB pandemic that nobody sees, but that kills millions a year

  31.8 million people will have died by 2030 if tuberculosis is…

Singapore goes full 1984

In uncertain times, Singapore leaves no room for doubt about its commitment…